Relato de un Viajero

“Siempre me ha interesado el sentir de la gente. Creo que ese sentir forma una corriente poderosa que los gobernantes deberían tener en cuenta, porque es lenta, pero muy fuerte, y no conviene remar en contra de ella”.

Maestro Te-Cui.

Hace poco ojeaba libros de rol en una tienda, con el sano objetivo de copiar vilmente inspirarme en su estructura, cuando di con la última edición de la Leyenda de los Cinco Anillos. Para el que no haya tenido oportunidad de echarle un vistazo, incluye una sección bastante extensa sobre la vida cotidiana en Rokugan, basada directamente en la del Japón feudal. Cosas como la etiqueta, las etapas de la vida, clases sociales, vestido y peinado, alimentación, vivienda, viajes, relaciones entre hombres y mujeres (¡no de ese tipo!), religión, honor, política, economía, justicia, duelos, guerra, e incluso las costumbres a la hora de hacer visitas y regalos. Es un trabajo inmenso, que hace muchísimo por ayudar a la inmersión de jugadores y director en un mundo extraño y exótico.

Arab Fantasia, orientalismo

via Wikimedia Commons

Pues bien, el mundo de los Seis Dedos no es nada si no es extraño y exótico, y tras largas deliberaciones (léase preguntar a los amigos y en Twitter) he decidido incluir un capítulo similar en el juego de rol de Máscaras de Matar. Este no será tan extenso: el de los Cinco Anillos son casi treinta páginas, pero yo no creo que pase de cinco o seis. Por un lado, porque las costumbres de los Seis Dedos no están tan codificadas y unificadas como en Japón o Rokugan, y por otro, porque ya hay otras cuarenta y una (y faltan aún lagoáns, trocalumes, pueblos del norte y nómadas) describiendo las distintas culturas y sociedades de los Seis Dedos y el Chan. Repartidos en esas páginas hay detalles sobre la sociedad, la organización política, la vestimenta y las costumbres básicas de cada pueblo, a veces, dado que cada capítulo lo escribe alguien que no pertenece a dicho pueblo, comparándolos con otros.

Pero ese es el problema: está repartido, y está segmentado por pueblos. Me parece que da una idea equivocada, una idea monolítica de cada sociedad, como si fueran compartimentos estancos que no se mezclan ni se influyen. En realidad, las calles de Minacota no se diferenciarían mucho de las del Estambul otomano, o incluso el Madrid moderno: un mosaico de gentes diversas, de orígenes muy distintos, reconocibles por determinadas costumbres o rasgos de la vestimenta, y por el acento, pero que comparten las mismas calles, compran en los mismos bazares y se reúnen en las mismas tabernas y plazas, e incluso hablan el mismo idioma. Cada uno tiene rasgos distintivos, y costumbres diferentes en casa, pero a un observador externo le parecerá que tienen más cosas en común que diferencias.

Por eso este capítulo de costumbres y vida cotidiana precederá al resto. En él veremos qué tienen en común gorgotas y momgargas, extrayéndolo cuidadosamente de diálogos y escenas de la novela: el hecho de sentarse en el suelo y no en sillas, el fumar en pipa, la etiqueta del gesto de la paz, el estilo general de las ropas, el uso de las armas, la arquitectura, las calles. No quiero que sea una descripción aséptica, sino el relato fascinado de un viajero de tierras lejanas, que le cuenta a su maestro lo que se siente al ver a dos brujas enmascaradas leyendo las suertes sobre una estera, a una bailarina danzando en una plaza mientras sus parientes pasan el sombrero, un duelo ritual a las orillas del río Ondo, o un debate filosófico en la plaza del Café. Pretendo inspirarme en relatos de viajeros decimonónicos, europeos que, al descubrir oriente, quedaban hipnotizados por lo que percibían como misterioso, exótico, e incluso bárbaro y salvaje.

Harem, Odalisk, Odaslique, Odalisca, Harén, orientalismo, Orientalist, painting

via Wikimedia Commons

 Va a ser una tarea complicada, porque habrá que sacar detalles mínimos de cualquier cosa de la novela, y mucho tendrá que ser completado, en parte gracias a esos relatos de viajeros. Y es una tarea que se hace más difícil porque, a diferencia de Rokugan, los Seis Dedos no es fácilmente identificable con ninguna cultura o civilización conocida. Hay rasgos, desde luego, cosas aquí y allá, pero no hay ninguna trasposición directa, si exceptuamos los nómadas del Chan (y aún así, hay tantas diferencias entre ellos, y entre los reales, que es como hablar de “los sedentarios”). Eso, a mi parecer, es una de las mayores fuerzas de la novela, lo que le da su originalidad y personalidad: no estamos ante simples trasposiciones culturales, sino ante algo nuevo, culturas diferentes con sus particularidades y características.

La semana que viene hablaremos más sobre esto. En concreto, sobre el delicado equilibrio entre tomar lo que hay en la novela, y la necesaria extrapolación y ampliación: ¿dónde está el límite? Y ¿es capaz alguien, que no sea el autor, de hacerlo manteniéndose en el “espíritu” original? Pronto lo sabremos. 

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Acerca de enriquecasv

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