Tierra y Parentela

Así es como el Jato Malaváia define un lar en la novela: chan e curmáns. Tierra y parentela. Hoy hablaremos de los pandalumes.

Bandera, galicia

Venga, como si no lo hubieran notado. Via es.wikipedia.org

De sus orígenes se sabe poco: que proceden de la legendaria Troco, probablemente en el Chan Mayor, donde un pueblo tan misterioso como los espuján modufe se mezcló con los indígenas. Los descendientes de este mestizaje migraron en todas direcciones, algunos adaptándose a la vida nómada y convirtiéndose en trocalumes, otros, buscando asentamientos para dar lugar a los pandalumes. Hoy en día se los puede encontrar desde los Seis Dedos al Chan Mayor, y desde Lagoa hasta el Ríorrío, y quién sabe si más allá.

Al asentarse en lugares tan distintos, los grupos pandalumes han desarrollado culturas muy diferentes, con costumbres locales influidas por los pueblos que los rodean y por el medio en que se encuentran. Para el juego, los he dividido entre los que habitan los Seis Dedos, más influidos por los gorgotas, los del Chan, una cultura de oasis y ciudades comerciales, y los de Lagoa, que habitan entre las marismas norteñas. En común tienen, sobre todo, la frase del Jato: chan e curmáns. Los curmáns, la parentela, se agrupan en lares, que podemos considerar equivalente a los ferales armas o, mejor aún, a los eredales.

En efecto, un lar no es normalmente tan grande como un feral. Es más bien una familia extensa, aunque algunos, como el influyente lar Mahín, puedan tener ramas desde Minacota hasta Gaiola. Lo dirigen las lais, un grupo de matriarcas que destacan por su prestigio y sabiduría, y que probablemente serán las abuelas, las tías o la madres de la mayor parte del lar. Aunque en la novela no se especifica, parto de la base de que los lares son grupos matrilineales, es decir, uno pertenece al lar de la madre y hereda en consecuencia, y son los varones los que se integran en los lares de sus mujeres. Esta integración creará lazos de sangre y parentesco entre distintos lares, articulando así la sociedad por encima de la familia.

Babushki

via russianreport.wordpress.com

A todo lar corresponde un chan, un territorio. Los pandalumes no entienden una relación social estable que no esté basada en alguno de estos dos principios, o preferentemente en los dos. Por eso, incluso cuando están en territorios dominados por otros, tienden a agruparse en barrios propios, como Parautapedra en Minacota. Y si se forman sociedades que no están unidas por lazos de sangre, por ejemplo por intereses comerciales o religiosos, o simplemente para administrar un barrio o una ciudad, su vínculo es siempre la tierra compartida, o al menos adyacente. Esto se extiende incluso a grupos como los temidos asesinos talafurata, o las misteriosas hermandades de brujas, de las que las más famosas son las Mandemo.

Sabemos que no siempre viven bajo égida ajena. En el Carauce tienen dos ciudades, Caldas y Pagaise, en el camino que lleva a Resegra y Yunquera; más al norte, casi en Cabezas Muertas, está Ongún. En Gaiola parecen ser numerosos e influyentes, aunque no dominantes. Sabemos también que al menos un grupo, los lagoáns, se identifica con un nombre propio, habita una región amplia (Lagoa, al norte de Aspoulas) y su influencia se extiende tan lejos como Rau Branca, al norte del Morega.

Kriss sword, pandalume

via Warrorwomen.50megs.com

A lo largo de la novela vamos viendo otros rasgos de la cultura pandalume, atisbos  apenas, ya que el narrador, Corocota, es arma, y solo tiene nociones vagas. Sabemos, por ejemplo, que el lar forma parte del nombre de todos ellos: Togtatau lar Eitir Ogúa, Caug lar Mahín; vemos en Rau Branca un casco pandalume con penacho, decorado con un rostro femenino, ¿será una lai antepasada, invocada para proteger a sus descendientes?; Cosal nos cuenta que sus espadas son de filos ondulados, difíciles de manejar si no se está acostumbrado, y el maestro Te-Cui se hace con una daga triangular, de hoja calada, “al estilo de los pandalumes de Tres Cortes”. Los colores blanco y azul aparecen por todas partes: en las ropas, en las pinturas faciales de Togtatau, en la barba teñida del Jato, en las máscaras pintadas de las brujas. Sabemos que los lares tienen sellos propios, porque Corocota los ve estampados en sus ropas cerca de la Plaza Sangarea.

Y así multitud de detalles, repartidos por todas partes, con los que, poco a poco, se puede formar el puzle de la cultura pandalume.

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