Cosas Mejores Por Las Que Luchar

Cuentan que, durante la dominación holandesa de Bali, un oficial colonial tuvo que mediar en una disputa entre dos reyes locales. Bali es una isla montañosa donde las canalizaciones de agua son vitales, y justo entre el territorio de los dos había una serie de reservas y canales importantísimos. Pero los reyes no se peleaban por eso, sino por el derecho a disponer de la fuerza de trabajo de los habitantes de la zona fronteriza para determinados rituales. Y no era tampoco una pelea de insultos: llegó a correr la sangre, cosa que era habitual. Dicen que el holandés no entendía nada, y les preguntó por qué luchaban por eso, y no para expandir sus territorios, consolidar la frontera y hacerse con las canalizaciones.

Los reyes se lo quedaron mirando como si le hubieran salido dos cabezas. “¿Territorios? ¿Para qué? Tenemos cosas mucho más importantes por las que luchar”.

Esta pequeña historia sirve para ilustrar un problema básico de concepto que ilustra un choque cultural entre nuestra tradición occidental moderna y cualquier otra, y que puede hacer difícil entender el mundo de Máscaras de Matar. Nosotros estamos acostumbrados a que existan Estados, con todas sus letras, con fronteras, leyes, autoridades constituidas y todo eso. Es algo que no existe como tal en el mundo de Máscaras de Matar, pero tampoco existía en Bali, ni existía en el Imperio Romano, y no estaba muy claro ni siquiera en la Edad Media. Hay que hacer un esfuerzo por intentar salir de nuestras ideas preconcebidas y entender otras culturas en su contexto.

¿A qué viene esto? A que, como digo, en Máscaras de Matar no existe el estado como tal, y si hay una ambientación en la que es fundamental entender culturas diferentes, exóticas y que se salen de nuestras preconcepciones, es esta. Así que vamos a hacer un esfuerzo, y como no hablamos poco de política de España, vamos a hablar de política de los Seis Dedos.

Como sabemos, los armas ejercen la hegemonía entre el Bal Bartán y la Sierra Ongada, y a lo largo del camino de Tres Cortes, pero eso no quiere decir que sea un “reino”, ni que los otros sean súbditos. La sociedad de los Seis Dedos, y en esto se incluye también a los momgargas, se compone de elementos autónomos e independientes, que controlan la fuerza de trabajo de sus miembros y en muchos casos tienen propiedades. Aunque luego confluyan en estructuras políticas superiores de ámbito local (los consejos de ancianos de las ciudades, por ejemplo, o el Ras), lo fundamental aquí no es de dónde seas, sino, como en los pueblos, de quién eres.

De izquierda a derecha: Sargo lar Mahín, Astaruga de la sociedad del Jabalí, la lanzái copa Segalid y Carid del feral del Toro.

De izquierda a derecha: Sargo lar Mahín, Astaruga de la sociedad del Jabalí, la lanzái copa Segalid y Carid del feral del Toro.

Es decir: esos grupos autónomos, ferales, lares, eredales, tribus caralocas, no ejercen poder sobre tí porque estés en su territorio, sino porque perteneces al grupo. Si eres un hombre serpiente de Angostura y te vas a Vendija, sigues siendo un hombre serpiente y respondiendo ante el feral de la serpiente. Si eres un hombre serpiente mediarma de Cabezas Muertas y te vas a Minacota, el eredal de hombres serpiente de allí no tiene nada que decirte, salvo que te unas a ellos de alguna manera (adopción, matrimonio).

¿Cómo se organiza una sociedad en base a grupos independientes? Pues obligándolos a cooperar. Pero esa cooperación no se basa en las leyes, que como todo el mundo sabe, solo tienen la fuerza que la gente esté dispuesta a obedecer, sino en las redes de clientela, honor y deuda que son la base de las sociedades gorgotas, pero también, hasta cierto punto, de las demás. Es decir: dos ferales cooperan bajo la dirección del feral del León, no porque este sea “constitucionalmente” superior, sino porque sus miembros son una elite separada, escogida y distinta de los otros ferales, todos los cuales, por el mero hecho de haber sido escogidos, tienen una reputación, un prestigio y una influencia.

¿Qué significa esto? Que favor con favor se paga, aunque sean, o incluso especialmente, los favores rituales. Si un potentado, un hombre león o un jefe de guerra te pide algo, mañana podrás pedirle tú algo a él (o ella), que a su vez descargará la obligación pidiendo o cobrando un favor a un tercero. De esta manera se convierten en el centro de una rede de obligaciones y deudas que les permiten poner en funcionamiento los recursos de la sociedad. Es todo muy informal, como se hacía en Roma: un gobernador no llegaba a su provincia acompañado de funcionarios, sino de amigos, gente con la que tenía lazos de confianza y clientelismo, que iba a poder usar para tratar con las autoridades locales. Así es exactamente como funciona en el mundo de Máscaras de Matar.

Wolf Mask

via Pinterest.

Esto significa, de nuevo, que la influencia no es geográfica. Si estás juramentado con Lobo Feroz, el señor de la guerra del Carauce, y te llega un mensaje suyo cuando tú estás en Tres Cortes, no puedes alegar que ya no vives en las montañas. La relación que tienes con Lobo Feroz es personal, de tú a tú, y si te ordena hacer algo es porque se lo debes, o porque está dispuesto a debértelo a ti. En la novela se ve claramente cuando Lobo Feroz expresa sus dudas sobre arrastrar a sus seguidores a un conflicto privado. Les puede pedir que lo hagan, pero no tienen obligación. No es el rey de la zona, es solo un personaje influyente.

El mejor ejemplo es don Tavarusa: señor de la guerra de un principado del Bal Bartán, cuando fue depuesto no pierde todo su estatus y privilegios, sino que se traslada a Minacota, donde, a pesar de ser técnicamente un mediarma, y encima un ogro, tiene un palacio y un séquito, y se le trata como a un potentado. Séquito, encabezado por el brujo Astiri, que le acompaña hasta las llanuras, donde es su prestigio (y su dinero) lo que atrae a aventureros, eredales enteros, máscaras mayores de las montañas y otros para unirse a la lucha. No porque se lo haya ordenado un Estado que reclute a sus súbditos.

Ogro, Tavarusa, Máscaras de Matar

Eso no quiere decir que no haya reclutamiento. La gente león organiza a los armas para trabajos comunales como la cosecha o las obras públicas, y los ferales hacen lo mismo con sus miembros, pero el razonamiento no es “este es tu deber cívico”, sino “estás obligado a esto en pago por los servicios que recibes como miembro de tu feral o de los armas”; y se aplica solo a través de estas líneas. La gente león no recluta para limpiar los canales de Minacota, por ejemplo, a los pandalumes de Parautapedra. Solo a los armas. Eso sí, los pandalumes serán responsables de la zona del canal del Bais Oude que pasa por su barrio, bajo la organización y dirección de sus lais. En caso de que no lo hagan y esto perjudique al flujo de los demás canales, el consejo de ancianos de Minacota podría enviar a un representante a hablar con las lais, pero todo a título personal, informal, negociado, basado siempre en el quid  pro quo, las deudas y obligaciones mutuas y los viejos distingos.

Este es un tema bastante complejo, que no sé si se puede explicar convenientemente en una publicación del blog. En el libro de rol está mejor explicado, incluyendo aspectos como los séquitos, la autoridad, la existencia o no de fronteras, y las áreas de influencia. Probablemente esto no lo vaya a hacer nadie, pero recomiendo echar un vistazo al concepto de derecho personal en la Alta Edad Media, o a algunos libros que usé como referencia al escribir el básico: Empire of Honour: The Art of Government in the Roman World, por J.E. Lendon (nunca traducido al español), y Negara: El Estado-teatro en Bali en el siglo XIX, de Clifford Geertz. El Mundo de Odiseo, de Moses L. Finley también viene muy bien.

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Acerca de enriquecasv

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