Archivo mensual: julio 2015

Inspiraciones Históricas 8 América Precolombina

Llegamos a la penúltima entrada de esta larguísima serie sobre posibles inspiraciones históricas para Máscaras de Matar. Esta va a tratar sobre la América Precolombina, que es una generalización sin mucho sentido, como decir “la Europa medieval” y mezclar Castilla con Armenia, pero por conveniencia lo vamos a hacer así.

¿Qué podemos obtener de la América Precolombina para Máscaras de Matar? En primer lugar, la estética es importante. Ya en su momento de Apocalypto como inspiración visual, aunque históricamente sea floja. Guerreros pintarrajeados, adornados con pieles y plumas, las máscaras grotescas de los sacerdotes, los cuerpos medio desnudos y adornados con alhajas de oro y jade… Por supuesto, aparte de la película hay toda clase de fuentes sobre el aspecto y la vestimenta de mayas, aztecas e incas, de todo lo cual se pueden sacar detalles interesantes. Incluso aquí he usado alguna vez una máscara azteca, mezcla de calavera y serpiente, que me recuerda mucho a la de Viboraz en la novela.

Aztec skull mask

Mosaico de turquesa y obsidiana. Via Pinterest.

En particular, las descripciones que se hacen en la novela sobre los bajorrelieves tallados en las paredes de las casas de Minacota y otros lugares siempre me han recordado a la decoración de las pirámides mesoamericanas, con sus rostros bestiales llenos de dientes y ojos, deformes y retorcidos, entrelazados de tal manera que es imposible distinguir dónde empieza uno y termina otro. Algo como esto:

Otro aspecto a tener en cuenta es la relativa escasez de metal en los Seis Dedos, que es un problema también en la América precolombina. Desde luego, había oro a espuertas, y plata en Potosí y otros lugares, pero faltaba, o no se conocía, el hierro y el estaño.  En el caso de los Seis Dedos, vemos abundancia de joyas de oro y de bronce, pero no demasiada plata, y el hierro y el acero se reservan para máscaras y armas. Los aztecas, mayas e incas nos ofrecen una imagen de una sociedad avanzada en la que no están presentes esos metales. Las armas, por ejemplo, se hacen de obsidiana o de piedra, los adornos de jade, de hueso y de turquesa, y lo que se puede hacer en cerámica y madera no se hace en metal.

Muchas sociedades precolombinas lo son de tierras altas. Particularmente los incas, pero también parte importante de los mayas, y algunas culturas próximas a los aztecas. Perú y Bolivia en particular nos ofrecen imágenes interesantes de fortalezas ciclópeas que nos pueden inspirar para ciudadelas como la de Minacota, o para las cumbres de las Tierras Altas del Carauce y del Bal Bartán. Puestos a ello, incluso los textiles andinos nos pueden servir de modelo para las esteras en las que se sientan los habitantes de los Seis Dedos, o podemos encontrarnos a un mediarma con algo similar a un poncho.

En cuanto a la sociedad, en el caso maya, parece que ser, además de la imagen típica de sacerdotes astrónomos, las ciudades-estado del Clásico Tardío estaban dominadas por aristocracias guerreras continuamente enfrentadas en vendettas, con inestabilidad política y fragmentación del poder, todo lo cual, supongo, nos suena bastante. Podemos aprovechar esta dualidad para inspirarnos en los mayas para los gargales: refinados e ilustrados y a la vez guerreros y crueles. Aunque los olmecas y toltecas, considerados como ancestros por otras culturas precolombinas, quizá quedan mejor para ciertos aspectos de los gargales como “originadores de la civilización”.

En cuanto a la organización social, la América Precolombina nos da mucho material con el que trabajar en el tema, que ya hemos mencionado, de la organización del trabajo y la propiedad de la tierra. Entre los mayas, la tierra era propiedad de clanes familiares aristocráticos. En el caso de los aztecas, las ciudades-estado se organizaban en calpullis, que poseían la tierra, controlaban las escuelas, principalmente militares, recaudaban impuestos, y en algunos casos administraban los barrios o funcionaban como gremios de una determinada ocupación. El calpulli servía también para organizar partidas de trabajo y grupos militares cuando la situación lo requería, y estaba generalmente gobernado por un consejo y un jefe principal. Todo eso, excepto quizá lo de los gremios (y aún así, la gente-león destaca como herreros y orfebres, por ejemplo, hay ferales manamaragas, y puede haber variaciones locales) es una descripción exacta del funcionamiento de un feral, sociedad guerrera, eredal, e incluso lar pandalume.

via deconceptos.com

Los incas usaban un sistema similar, llamado ayllu. El ayllu está basado en el parentesco, pero puede adoptar miembros, exactamente igual que un feral. Como ferales y eredales, eran (o son, porque en cierta forma aún existen) autosuficientes, y se basan en relaciones internas de reciprocidad. Los miembros están obligados a ayudarse unos a otros, y al mismo tiempo el ayllu organiza la mit’a, la obligación de trabajo para el Estado, por ejemplo en la construcción de carreteras, la guerra, etcétera, generalmente de forma rotatoria. Recordemos a las mujeres cuervo haciendo guardia en los parapetos de Minacota.

En el aspecto religioso podemos utilizar a las sociedades mesoamericanas para entender cómo una cultura avanzada, que nosotros llamaríamos “civilizada”, puede convivir perfectamente con el sacrificio humano más cruento, las efusiones rituales de sangre, etcétera. También podemos equiparar a los santones gorgotas con los sacerdotes mayas y aztecas, que parecen haber tenido tanto de oficiales religiosos como de chamanes, y que probablemente utilizaran danzas complejas y plantas alucinógenas en ciertos rituales, particularmente los mayas.

Bailarinas en trance, quizá brujas.

Apocalypto, Mel Gibson (2006)

La próxima semana, en la última entrada de esta serie, veremos varias otras culturas muy por encima, con elementos sueltos que podemos utilizar para nuestras partidas.


Inspiraciones Históricas 7 India

Siete entradas ya de esta serie. Si esto no demuestra que se puede conseguir inspiración casi de cualquier sitio…

Hoy vamos a hablar de la India, y de cómo usarla para dar color y personalidad a nuestras partidas de Máscaras de Matar. Tengamos en cuenta que hablamos de la India real, la de la historia turbulenta, la pobreza y la discriminación entre castas, no la de los gurús iluminados y los hippies que parecen creer que allí todo es mágico y que los mendigos son felices y sabios. Y en realidad, hablamos de la India en su sentido cultural, incluyendo Pakistán, Nepal, e incluso partes de Afganistán.

De hecho la cabecera del blog es una foto de Cachemira

De hecho la cabecera del blog es una foto de Cachemira

¿Qué podemos sacar de la India para Máscaras de Matar? En primer lugar el sistema de castas, en su versión pre-británica, mucho más compleja y fluida. Si tomamos a los gorgotas como un solo pueblo, podemos considerar a los armas como una casta guerrera dominante, a los mediarmas como un casta subordinada, y a los gargales, con su reputación de místicos, como una tercera casta, vagamente similar a los brahmanes. Como digo, hablamos de castas en su sentido antiguo; en la historia de la India hay múltiples dinastías de origen brahman o vaishya, incluyendo posiblemente los famosos guptas, y durante la mayor parte de su historia cualquiera podía ser un guerrero, aunque no fuera kshatriya. Exactamente igual que ocurre entre los gorgotas. De hecho, eran los grupos de estatus abiertos y voluntarios, como las bandas guerreras o las sectas religiosas, las que ocupaban un lugar central en la socialización y la identidad… ¿no nos suena eso de nada?

Entonces, ¿para qué sirve la casta? Sirve por ejemplo para establecer distinciones sociales y rituales. Por ejemplo, los armas son la casta dominante, y aunque hay principados mediarmas independientes (como había en la india dinastías vaishyas), éstos, cuando viven entre los armas, no lo hacen en pie de igualdad, sino sometidos al poder político y social de aquéllos. Incluso en las colonias del Chan, el barrio se llama barrio gorgota, pero lo gobierna una máscara mayor de la gente león de los armas. Y si nos salimos un poco de los gorgotas, el hecho de que los momgargas tengan prohibido acceder a los parapetos de Minacota es otra forma de discriminación de casta.

Sadhu, Kathmandu

photo by Gentl&Hyers

De nuevo, como en la India antigua, la casta puede ser fluida en ciertas circunstancias. Tavarusa es hijo de una bruja arma, pero sus seguidores son sobre todo mediarmas, como lo era su principado del Bal Bartán. Un señor de la guerra mediarma que tenga éxito puede ser adoptado por la gente león, y por tanto incluido en la casta dominante. Y ya conocemos a los daos, tanto los entregados a un feral como los que han caído en desgracia.

Aparte de lo puramente social, la India tiene mucho más que ofrecernos. Para empezar, el escenario. Los Seis Dedos son una región montañosa y agreste, muy calurosa y cruzada por ríos, de manera que podemos tomar inspiración directa de las estribaciones bajas del Himalaya y de Nepal. Fortalezas enclavadas en laderas o riscos sobre vallas estrechos, templos excavados en la roca, altares expuestos al aire libre y cubiertos de ofrendas de los transeúntes, carros tirados, no por caballos sino por bueyes engualdrapados… todo eso lo podemos encontrar en el norte de la India y en el Carauce.

Incluso la imagen de la masa humana abigarrada, cada uno con sus ropas y símbolos tradicionales, es muy válida para una escena de mercado de Máscaras de Matar. Los mantos y chales son frecuentes tanto para hombres como para mujeres, tanto en la India como en los Seis Dedos. Don Tavarusa aparece en la plaza Sangarea con un chal terciado a la espalda y una falda de tubo, lo que nos recuerda a la combinación de dhoti (un taparrabos que queda como una falda larga) con un rectángulo de tela que se coloca sobre un hombro en la India. Para las pinturas corporales y los sellos de los gorgotas y pandalumes, e incluso los de los caralocas, podemos fijarnos en las que usan los santones indios, todas las cuales tienen un significado preciso.

via indianetzone.com

 Hablando de los santones, incluso el nombre nos evoca las cumbres del Himalaya, aunque estemos hablando de los que viven en los Seis Dedos. El santón rojo de la novela, que recorre los caminos ganándose la vida como instructor de espada, encajaría perfectamente en ciertas sectas de la India, exactamente igual que los culteros errantes de Ejaune, pintados de esqueletos y cubiertos de ceniza, que no desentonarían como una secta shaiva.

Es más, para terminar por hoy, no me resisto a copiar la descripción del santón rojo de la novela. A ver si les recuerda a alguien:

Aquel santón era un hombre nervudo, de ropas encarnadas, con tres franjas rojas surcándole la cabeza calva y un gran collar de cráneos de marfil.


Inspiraciones Históricas 6 El Japón Feudal

Es posible que la idea de inspirarnos en el Japón feudal para Máscaras de Matar suene un poco rara al principio, pero en cuanto analicemos las cosas verán que no es para nada tan extraño. De hecho alguna vez ya he utilizado imágenes con un aire japonés para ilustrar algunas cosas.

Lo más evidente, por supuesto, son las altacopas, para las que nos podemos inspirar en las geishas. Aunque las diferencias son múltiples y profundas (no quiero oír a nadie decir “es que las geishas no son prostitutas” cuando alguien le haga una oferta indecente a su personaje altacopa, que sí lo es), ambas organizaciones tienen las similitudes suficientes como para servirnos de ayuda. Por ejemplo, sabemos muy poco del funcionamiento real de las altacopas. En la novela se nos dice que su sede está en Escarpa Umea, que son una organización bizantina con múltiples niveles y facciones, y que están asoladas por las intrigas y el asesinato; pero no sabemos, por ejemplo, cómo se organizan y dónde viven las altacopas de una misma ciudad (no pueden volver cada día a Escarpa Umea, evidentemente) ni qué hacen exactamente aparte de bailar, leer poesía y acostarse con potentados.

Podemos mirar al sistema de casas de las geishas para que nos sirva como modelo, considerándolas filales de la gran casa de Escarpa Umea. Podemos tomar nota de otras funciones, como preparar ceremonias, asistir en banquetes, etcétera. O simplemente reflejar la organización, las tradiciones y las prácticas de unas en las otras. Por supuesto, hay que hacerlo con cuidado y tener en cuenta ambos contextos. Las geishas tienden a un ideal de mujer en una sociedad extremadamente patriarcal, y se les anima a ser discretas, educadas y serviciales, mientras que la segunda frase que le leemos a una altacopa en la novela es un “nada contigo” cuando Corocota le pregunta a Acitacil qué va a hacer esa noche.

Ninja_sikiruki

El procedimiento es el mismo, por ejemplo, para los talafurata. Lares empobrecidos cuyas tierras no son particularmente productivas, que se consagran a la práctica mercenaria, no como masas de guerreros (porque tampoco son tantos) sino como asesinos y saboteadores individuales… es exactamente el mismo proceso que dio origen a los ninja japoneses. Aunque, como pasaba con los druidas, no es recomendable hacer un uso excesivo de la analogía porque arrastra un montón de bagaje en la cultura popular, es posible inspirarse en las técnicas, las estrategias y las metodologías de los clanes ninja de verdad para interpretar a los talafurata. Cuidado, digo de los de verdad, los que se disfrazaban de campesinos o de monjes para colarse en una fortaleza, no los superhombres con pijamas negros de las películas de los ochenta.

Más allá de esos dos casos concretos, el japón feudal nos puede servir como modelo para la sociedad de Máscaras de Matar en mucho aspectos, tanto culturales como estéticos. Las ropas sueltas y flotantes, que la semana pasada identificábamos con los blusones y los calzones del Siglo de Oro, pueden ser también kimonos y hakamas, sobre todo porque varias veces se hace referencia a los grandes vistiendo faldas. Incluso hay alguna referencia a abanicos. Los sables “en forma de colmillo” pueden ser similares a una katana; las armaduras son de cuero y metal, exactamente igual que las japonesas. Y las fundas de las espadas y las propias armaduras son descritas repetidamente como “lacadas”, un proceso que alcanzó gran desarrollo en japón. Incluso los castillos de piedra y madera, construidos a base de terrazas en forma de montaña, nos pueden servir de inspiración para las ciudadelas de los Seis Dedos. Las posturas a la hora de sentarse en el suelo o sobre tablados nos valen perfectamente, sobre todo por la cuidadosa etiqueta japonesa a la hora de colocar la espada cuando uno se sienta, cosa que para los gorgotas nos viene muy bien.

En general, el énfasis que pone la cultura japonesa en la etiqueta y la cierta teatralidad de los movimientos estereotipados nos recuerda mucho a esas mismas características entre los gorgotas, y en particular los gargales y las altacopas. Todos saben cómo hay que sentarse, dónde hay que colocarse, qué gesto exacto hay que hacer en cada momento, cuál es la postura adecuada para transmitir una determinada actitud… todo eso lo podemos obtener directamente de la cultura japonesa tradicional.

Pero la cosa va más allá, al campo de las mentalidades. En cuanto a asuntos de honor, honra y respeto, los samurai no eran menos picajosos que los hidalgos españoles, o que los gorgotas de todos los pueblos. El bushido, algo más codificado que el honor abstracto occidental, nos puede servir de guía, de nuevo, salvando las distancias, tomando lo que queremos y no todo de golpe. Por ejemplo, los gorgotas son poco propensos al suicidio, aunque están más que dispuestos a aceptar una muerte honorable sin rechistar.

Veamos los siete principios del bushido: rectitud, coraje, benevolencia, respeto, sinceridad, honor y lealtad, y tres complementarios: sabiduría, piedad filial, y respeto fraternal.

Díganme que no son casi todos perfectamente aplicables a la conducta que vemos entre los gorgotas. Piedad filial y respeto fraternal aplicado al feral o el eredal, lealtad para con los jefes juramentados, sinceridad con todos, hasta el punto de resultar a veces un tanto impertinentes, pero precisamente por eso un escrupuloso respeto de las formas, porque lo contrario tiende a provocar un combate, impulsado por el honor y el coraje. Se habla mucho, sobre todo en relación a las obligaciones de un patrón para con sus clientes y viceversa, de lo que es “justo” o apropiado, es decir, una expresión de rectitud, e incluso hay benevolencia, aunque a nosotros nos pueda parecer macabra, en la concesión de la buena muerte, la negociación para permitir una salida honrosa a los vencidos, o la negativa de la Bibruela a quedarse con la cabeza de otro hombre serpiente, que en el fondo es pariente suyo.

Como la española del Siglo de Oro, la sociedad japonesa feudal no podía permitir que una deuda quedara impagada. De ahí los juramentos de lealtad y las relaciones feudales, que podemos trasladar directamente a los Seis Dedos, y, de nuevo, los pagos rituales a cazadores de cabezas y altacopas. En el fondo, podemos comparar tanto la cultura japonesa con la gorgota como  con la española de la misma época.

Como siempre, esto es solo una visión general. Puede sacarse mucho más jugo al japón feudal para inspirarnos, pero es suficiente por hoy. La próxima semana seguiremos en Oriente y hablaremos de la inspiración que podemos obtener de la India, que es lo que a mí siempre me han recordado los Seis Dedos.


Inspiraciones Históricas 5 El Siglo de Oro

Al hablar de los iberos vimos que, en el fondo, Máscaras de Matar es fantasía a la española. Como tal, al igual que en la que producen los autores anglosajones se cuelan, conscientemente o no, rasgos propios de su cultura, en la que se produce en nuestro país también aparecen temas, ideas o actitudes que son propias de nuestra herencia. Y una parte importante de esa herencia, que arrastramos hasta el día de hoy, se forma, o al menos se codifica en la literatura, en esta época.

Primero vamos a quitarnos de encima un elemento recurrente. El clientelismo, que ya vimos asomar la cabeza con los iberos, y que todavía arrastramos (y lo que nos queda) seguía fuerte en el Siglo de Oro. Ver su funcionamiento nos puede servir como ayuda para pensar en cómo funcionan este tipo de relaciones a un nivel más extenso que una ciudad o una región, en una estructura ya de Estado (aunque lo de los armas no es exactamente un Estado). Por ejemplo, sabemos que la asignación de cargos y honores dependió durante mucho tiempo del favor de los validos, que extendían sus relaciones clientelares en una red que cubría todo el imperio.

Para Máscaras de Matar podemos prescindir de la gorguera.

Cambiemos al valido por un Alto Juez o una máscara mayor que presida una colonia, y tenemos a armas de cierto prestigio ofreciéndoles sus servicios y haciéndoles favores a cambio, por ejemplo, de una magistratura menor, un puesto en su séquito, el encargo de una determinada función ritual, o incluso un puesto al servicio del Ras, o en el Ras mismo. Para este consejo de máscaras mayores podemos inspirarnos en los consejos de la monarquía hispánica, con sus camarillas y sus intrigas. Probablemente cada representante tendrá su grupo de seguidores y clientes que orbitan en torno a él sin ser parte del Ras, dispuestos a cumplir sus órdenes, o a ser propuestos ante la asamblea para tal o cual misión. Pensemos en Cosal, hombre ambicioso que toma una determinada misión en la novela con la intención de seguir ascendiendo. Probablemente, cuenta con un patrón en el Ras que le ha apoyado para conseguirla.

En este sentido, para conseguir mercedes y oficios hay que acercarse a los poderosos y hacerse valer; no es más que una trasposición pacífica (aunque entre los gorgotas nada es pacífico del todo) de la estructura de un señor de la guerra seguido de su banda, en la que asciende quien le presta mejores servicios.

Muy relacionado con el clientelismo está el concepto de la honra, que no es lo mismo que el honor. Honor es la percepción ideal e inmutable de cómo se debe actuar y cómo deben ser las cosas. Honra es la percepción de los demás sobre el honor de uno, es decir, la reputación. En la novela vemos varios ejemplos en los que la honra de un gorgota es puesta a prueba por un desafío o una falta de respeto, aunque sea algo tan simple como una mirada impertinente o fija; esta actitud se extiende incluso a los momgargas, como vemos en el caso de las brujas pandalumes y el maestro Te-Cui. El desafío lleva a una respuesta inmediata, generalmente la mano a la espada; siguen posturas amenazantes, como entre Palo Vento y la Mandrágora en el mercado, y si uno de los dos no cede, se puede llegar a los hierros.

Casi todas las “comedias” del Siglo de Oro giran en torno a las ofensas a la honra y su venganza, que suele terminar en un baño de sangre (¡spoiler!). La honra herida debe ser vengada a toda costa, aunque ello implique años de espera, o aunque desemboque en una vendetta que se extiende a los aliados y parientes del ofensor original. Un hidalgo, o un arma, no pueden permitirse que su reputación se vea dañada, y harán cuanto esté en su mano por mantenerla y defenderla.

Del mismo modo, una deuda debe ser pagada, a toda costa, ya sea con una persona, un grupo, o con la sociedad completa. Por eso en los memoriales de la Edad Moderna los que solicitan oficio listan los servicios prestados a la corona, y por eso a los cazadores de cabezas y a las altacopas se les paga en metálico con dinero acuñado especialmente. No se puede permitir que la sociedad arma tenga una deuda con ellos, ni con nadie.

Por supuesto, hay diferencias. Los gorgotas no parecen tener la aversión de los hidalgos españoles al trabajo manual, el comercio y los negocios, y como ya vimos que la institución del matrimonio parece bastante difusa, seguramente no habrá tanto énfasis en el adulterio, aunque sí puede haberlo en la traición personal.

Un factor que en la España del Siglo de Oro se añadía al de la honra era el de la “limpieza de sangre”, que la convertía en una sociedad de castas. En teoría, solo los cristianos viejos tenían acceso a cargos, oficios y honores, porque se les suponía dotados de honra desde la cuna. Podemos ver un paralelismo en la sociedad gorgota, que no deja de ser también de castas: la hegemonía de los armas es clara, ellos forman el Ras, y aunque la gente león acepta a no armas y momgargas, lo hace solo asimilándolos como armas; luego esta gente león asimilada pasa a ser alcaldes de ciudades, máscaras mayores de colonias o Alto Juez. La posición de los mediarmas es claramente subordinada, y la de los gargales, aunque más ambigua, está también al margen.

Incluso podemos sacar referencias para la vida cotidiana en Minacota y otras ciudades. Cualquiera que haya visto Alatriste puede imaginarse las callejuelas tortuosas entre tapias de adobe y de ladrillo, iluminadas solo por un farol que recuerda al claroscuro de los cuadros de la época. La blusa abotonada y las polainas de Corocota no quedarían fuera de lugar en un escenario como ese, que refleja perfectamente el duelo al salir de la Posada del Dragón, por ejemplo. Aunque ahora nos resulte difícil imaginarlo, y lo asociemos más a culturas orientales, durante el Siglo de Oro era común en España sentarse en el suelo o sobre cojines, exactamente igual que los gorgotas.

Esto, como siempre, es solo una idea general. Hay muchos otros detalles que se pueden sacar del Siglo de Oro español para Máscaras de Matar, desde la simple estética a las mentalidades y las formas de vida. No olvidemos tampoco que entre los gorgotas existe la pólvora y una tecnología mecánica relativamente avanzada, a pesar de que la primera impresión que nos dé el mundo de los Seis Dedos sea del mundo antiguo. Pero por ahora basta con esto. La próxima semana haremos lo mismo con el Japón feudal.


Despega Dioses Extraños

Esta es la segunda publicación de hoy jueves dos de julio. Más abajo tienen la correspondiente a la serie de inspiraciones históricas.

Esta vez no les voy a hablar de Máscaras de Matar, sino de otro de los proyectos, que, como saben, estoy desarrollando en paralelo. Ya les he hablado por aquí de Pronoia Works, un grupo de trabajo independiente con el que pretendemos publicar juegos de rol basados en Fate con ambientaciones originales. El germen de ese proyecto fue un blog, en el que publiqué originalmente tres de esas ambientaciones: Dioses Extraños, de horror gnóstico y fantasía oscura; Status Belli, de ciencia ficción militar, y Sitra Achra, mezcla de horror y cyberpunk. Ha pasado mucho tiempo desde esas primeras publicaciones, y el equipo ha cambiado, pero continuamos trabajando en el proyecto. Y hoy les quiero presentar los primeros frutos de ese trabajo.

El 20 de junio publicamos en pdf el primer teaser de lo que será Dioses Extraños. Con ilustraciones de Jonathan González y Daniel Puerta, maquetado por Miriam García Ronquillo, y con textos míos y de Javier Alemán, el teaser presenta un resumen de la ambientación y lo más elemental de las reglas, de manera que puedan ir internándose en el sombrío mundo de la Kenoma. Aquí descubrirán el caos desatado del Mar de Suf, la vara de hierro que es la Heimármene de los Arcontes, a los cultos que se arrastran para sobrevivir bajo su reinado, y los desolados Tiviles a los que no tienen más remedio que llamar hogar.

Pero eso no es todo. Ante la buena acogida del teaser, solo diez días después publicamos una primera aventura introductoria, El Fuego Enterrado, que es a la vez un ejemplo de partida, narrando la que nosotros jugamos para probar las reglas, y un módulo que te proporciona las herramientas necesarias para jugar con tu grupo. No es un módulo al uso, puesto que, aparte de los lugares y dos o tres personajes, no es tan importante que ocurran cosas, como que los personajes experimenten determinados estados de ánimo y se enfrenten a ciertas decisiones sobre sí mismos y su lugar en el mundo.

¿Y ahora qué? Ahora a seguir. Pretendemos seguir publicando pequeñas muestras del juego mientras terminamos de desarrollar una primera guía de inicio rápido, y más adelante tenemos en mente un libro básico completo. Y desde luego, nos queda una enorme lista de ambientaciones en las que trabajar, muchas más que las tres del blog.

Nos queda muchísimo camino por delante, pero lo abordamos con ilusión y ganas. Acompáñanos.


Inspiraciones Históricas 4 Romanos y Etruscos

¿Creían que solo podíamos sacar inspiración de culturas como los iberos o los celtas? Ni mucho menos. Las grandes civilizaciones de la antigüedad también son una fuente de referencias para Máscaras de Matar, y para cualquier otro juego si sabemos usarlas. Y hoy vamos a ver cómo.

De entrada, la relación entre los etruscos y los romanos es muy similar a la de los gargales y los armas. Tenemos una civilización antigua y refinada, reputada por su conocimiento de las artes adivinatorias, y su influencia cultural en arquitectura, política, religión y arte, que forma el espejo “clásico” en el que se mira una cultura posterior, más práctica, más inclinada a la ingeniería que al arte, pero en muchos aspectos descendiente de la otra. ¿De cuál de los dos casos estamos hablando? De los dos.

Centrándonos primero en los etruscos, sabemos que algunas ciudades-estado eran monárquicas y otras seguían un sistema republicano, con diversas magistraturas que hoy desconocemos. Esto nos puede servir como modelo para los pueblos gargales, con sus consejos de ancianos y sus magistrados representados por máscaras mayores, y de vez en cuando un rey brujo. Los autores romanos parecen saber muy poco sobre las magistraturas y el funcionamiento interno de los etruscos, algo que podemos extrapolar a los armas y los gargales. Con la tendencia de estos último al misticismo, es probable que haya todo tipo de magistraturas misteriosas que los armas no puedan comprender, con normas rituales, quizá basadas en auspicios o relaciones entre máscaras, que se escapan al entendimiento de los no gargales.

Hablando de eso, los etruscos eran conocidos en el mundo romano como adivinos, hasta el punto de que, además de los augures oficiales, muchos magistrados contaban con los servicios particulares de arúspices etruscos. Este tipo de relación nos puede servir de modelo para los gargales, que en la novela se mencionan varias veces como particularmente atentos a los augurios y expertos en adivinación y artes mágicas. Por ejemplo, una máscara mayor de la gente león en una de las colonias del Chan podría tener un adivino gargal, o varios, a su servicio.

Sabemos también que la familia era muy importante, con tumbas utilizadas generación tras generación. Esto nos puede servir de modelo para las familias que componen una sociedad guerrera. Es posible que las mujeres usaran como apellido el nombre de su padre, y los varones el del padre, del mismo modo que los gorgotas entran en el grupo del progenitor del sexo correspondiente. Es más, existen términos distintos para el conjunto de parientes del lado paterno y del materno. En algunas inscripciones se lista el individuo con los nombres de su padre y de su madre, lo que significa que ambos lados tenían importancia, exactamente igual que entre los gorgotas.

Incluso en la arquitectura podemos encontrar paralelos. Como los gorgotas, los etruscos preferían construir sus ciudades en colinas, precipicios y cimas montañosas; la arquitectura etrusca tuvo influencia en la romana, por ejemplo en el modelo de templo, como la gargal en la arma. Y el diseño en forma de gorgona de las antefijas etruscas puede servirnos muy bien de inspiración para los ídolos de bocas enormes y ojos saltones que adornan los edificios de los Seis Dedos.

El idioma etrusco se conservó entre los romanos solo como una lengua culta, típica de eruditos con intereses anticuarios y de rituales religiosos y adivinatorios. Lo mismo pasa con el gargal entre los armas. En el Artam Orata, Corocota lo reconoce, pero aparentemente no lo habla (solo dice que la bruja “ensalma en gargal”, sin especificar), y ningún no gargal lo habla en la novela a excepción de Trapaieiro Porcaián, que, al fin y al cabo, es “algo así” como un mascareno. El caso del Artam Orata nos demuestra que se conserva para asuntos mágicos y rituales; el otro, que es el idioma adecuado para una conversación entre un dios-vivo y un rey brujo.

¿Y qué decir de los romanos? El paralelo más evidente es la estructura de las relaciones clientelares, de las que ya hemos hablado aquí hasta la saciedad. Un patrón con prestigio social o poder económico ayuda a un cliente, que le queda obligado. El cliente debe ofrecer sus servicios al patrón cuando éste lo necesite, incluyendo acompañarle en la guerra, apoyarle en cualquier empresa, e incluso hacerle recados y favores, o acompañarlo como parte de su séquito cuando se le envía a ocupar un puesto oficial (recordemos tanto la “cohorte de amigos” de los magistrados romanos, como al escriba y el portaespada de Mascor Masade en Gaiola). A cambio el patrón también tiene obligaciones hacia sus clientes, como deja claro Lobo Feroz en el Artam Orata. En el caso romano, estas obligaciones incluían ser el benefactor y patrocinador del cliente, protegiéndolo en temas legales, dándole apoyo financiero y ejerciendo su influencia a su favor, por ejemplo usando sus conexiones con otros clientes o con otros potentados.

Pero, y esto es lo más interesante para Máscaras de Matar, las relaciones de clientela romanas no eran necesariamente únicas y verticales. Un patrón puede tener muchos clientes, desde luego, pero el patrón puede ser a su vez cliente de otro; y lo que es más, un mismo cliente puede tener varios patrones, obligaciones contraídas con distintas personas en situaciones diversas, que pueden entrar en conflicto. Al menos los gorgotas tienen las máscaras para gestionarlas.

Pero hay más. Un patrón puede serlo de una ciudad o un pueblo entero, y éstos les pueden quedar obligados durante generaciones. Por ejemplo, el padre de Pompeyo el Grande, Pompeyo Estrabón, concedió tierras a los veteranos de sus tres legiones tras la guerra social, por lo que estos le quedaron obligados como clientes, y no solo se alistaron inmediatamente a su servicio durante la guerra civil de Mario, sino que su hijo, “heredó” esos clientes, que volvieron a alistarse cuando él se puso al servicio de Sila. ¿Qué nos recuerda todo esto? A los eredales enteros de mediarmas que se levantan en armas una y otra vez cuando son convocados por el Cufa Sabut, por ejemplo.

Podemos obtener mucha más inspiración de los romanos, aparte de la clientela, pero esta entrada se está haciendo larga. Por un lado, sabemos que el discípulo del maestro Te-Cui acudió a Resegra para estudiar tratados de ingeniería e hidráulica, dos disciplinas en las que destacaban los romanos. Estos, como los armas, eran también bastante supersticiosos, dados a interpretar señales del cielo y el vuelo de los pájaros como augurios. Y el que Palo Vento diga que Mascor Masade parece más “un potentado oriental que un administrador arma” nos trae a la mente esa imagen de hombres severos, formales, disciplinados, frugales y tenaces, que son el ideal de magistrado romano.

El próximo jueves dejaremos la Antigüedad de lado, para ver qué podemos sacar como inspiración nada menos que del Siglo de Oro español.