Inspiraciones Históricas 4 Romanos y Etruscos

¿Creían que solo podíamos sacar inspiración de culturas como los iberos o los celtas? Ni mucho menos. Las grandes civilizaciones de la antigüedad también son una fuente de referencias para Máscaras de Matar, y para cualquier otro juego si sabemos usarlas. Y hoy vamos a ver cómo.

De entrada, la relación entre los etruscos y los romanos es muy similar a la de los gargales y los armas. Tenemos una civilización antigua y refinada, reputada por su conocimiento de las artes adivinatorias, y su influencia cultural en arquitectura, política, religión y arte, que forma el espejo “clásico” en el que se mira una cultura posterior, más práctica, más inclinada a la ingeniería que al arte, pero en muchos aspectos descendiente de la otra. ¿De cuál de los dos casos estamos hablando? De los dos.

Centrándonos primero en los etruscos, sabemos que algunas ciudades-estado eran monárquicas y otras seguían un sistema republicano, con diversas magistraturas que hoy desconocemos. Esto nos puede servir como modelo para los pueblos gargales, con sus consejos de ancianos y sus magistrados representados por máscaras mayores, y de vez en cuando un rey brujo. Los autores romanos parecen saber muy poco sobre las magistraturas y el funcionamiento interno de los etruscos, algo que podemos extrapolar a los armas y los gargales. Con la tendencia de estos último al misticismo, es probable que haya todo tipo de magistraturas misteriosas que los armas no puedan comprender, con normas rituales, quizá basadas en auspicios o relaciones entre máscaras, que se escapan al entendimiento de los no gargales.

Hablando de eso, los etruscos eran conocidos en el mundo romano como adivinos, hasta el punto de que, además de los augures oficiales, muchos magistrados contaban con los servicios particulares de arúspices etruscos. Este tipo de relación nos puede servir de modelo para los gargales, que en la novela se mencionan varias veces como particularmente atentos a los augurios y expertos en adivinación y artes mágicas. Por ejemplo, una máscara mayor de la gente león en una de las colonias del Chan podría tener un adivino gargal, o varios, a su servicio.

Sabemos también que la familia era muy importante, con tumbas utilizadas generación tras generación. Esto nos puede servir de modelo para las familias que componen una sociedad guerrera. Es posible que las mujeres usaran como apellido el nombre de su padre, y los varones el del padre, del mismo modo que los gorgotas entran en el grupo del progenitor del sexo correspondiente. Es más, existen términos distintos para el conjunto de parientes del lado paterno y del materno. En algunas inscripciones se lista el individuo con los nombres de su padre y de su madre, lo que significa que ambos lados tenían importancia, exactamente igual que entre los gorgotas.

Incluso en la arquitectura podemos encontrar paralelos. Como los gorgotas, los etruscos preferían construir sus ciudades en colinas, precipicios y cimas montañosas; la arquitectura etrusca tuvo influencia en la romana, por ejemplo en el modelo de templo, como la gargal en la arma. Y el diseño en forma de gorgona de las antefijas etruscas puede servirnos muy bien de inspiración para los ídolos de bocas enormes y ojos saltones que adornan los edificios de los Seis Dedos.

El idioma etrusco se conservó entre los romanos solo como una lengua culta, típica de eruditos con intereses anticuarios y de rituales religiosos y adivinatorios. Lo mismo pasa con el gargal entre los armas. En el Artam Orata, Corocota lo reconoce, pero aparentemente no lo habla (solo dice que la bruja “ensalma en gargal”, sin especificar), y ningún no gargal lo habla en la novela a excepción de Trapaieiro Porcaián, que, al fin y al cabo, es “algo así” como un mascareno. El caso del Artam Orata nos demuestra que se conserva para asuntos mágicos y rituales; el otro, que es el idioma adecuado para una conversación entre un dios-vivo y un rey brujo.

¿Y qué decir de los romanos? El paralelo más evidente es la estructura de las relaciones clientelares, de las que ya hemos hablado aquí hasta la saciedad. Un patrón con prestigio social o poder económico ayuda a un cliente, que le queda obligado. El cliente debe ofrecer sus servicios al patrón cuando éste lo necesite, incluyendo acompañarle en la guerra, apoyarle en cualquier empresa, e incluso hacerle recados y favores, o acompañarlo como parte de su séquito cuando se le envía a ocupar un puesto oficial (recordemos tanto la “cohorte de amigos” de los magistrados romanos, como al escriba y el portaespada de Mascor Masade en Gaiola). A cambio el patrón también tiene obligaciones hacia sus clientes, como deja claro Lobo Feroz en el Artam Orata. En el caso romano, estas obligaciones incluían ser el benefactor y patrocinador del cliente, protegiéndolo en temas legales, dándole apoyo financiero y ejerciendo su influencia a su favor, por ejemplo usando sus conexiones con otros clientes o con otros potentados.

Pero, y esto es lo más interesante para Máscaras de Matar, las relaciones de clientela romanas no eran necesariamente únicas y verticales. Un patrón puede tener muchos clientes, desde luego, pero el patrón puede ser a su vez cliente de otro; y lo que es más, un mismo cliente puede tener varios patrones, obligaciones contraídas con distintas personas en situaciones diversas, que pueden entrar en conflicto. Al menos los gorgotas tienen las máscaras para gestionarlas.

Pero hay más. Un patrón puede serlo de una ciudad o un pueblo entero, y éstos les pueden quedar obligados durante generaciones. Por ejemplo, el padre de Pompeyo el Grande, Pompeyo Estrabón, concedió tierras a los veteranos de sus tres legiones tras la guerra social, por lo que estos le quedaron obligados como clientes, y no solo se alistaron inmediatamente a su servicio durante la guerra civil de Mario, sino que su hijo, “heredó” esos clientes, que volvieron a alistarse cuando él se puso al servicio de Sila. ¿Qué nos recuerda todo esto? A los eredales enteros de mediarmas que se levantan en armas una y otra vez cuando son convocados por el Cufa Sabut, por ejemplo.

Podemos obtener mucha más inspiración de los romanos, aparte de la clientela, pero esta entrada se está haciendo larga. Por un lado, sabemos que el discípulo del maestro Te-Cui acudió a Resegra para estudiar tratados de ingeniería e hidráulica, dos disciplinas en las que destacaban los romanos. Estos, como los armas, eran también bastante supersticiosos, dados a interpretar señales del cielo y el vuelo de los pájaros como augurios. Y el que Palo Vento diga que Mascor Masade parece más “un potentado oriental que un administrador arma” nos trae a la mente esa imagen de hombres severos, formales, disciplinados, frugales y tenaces, que son el ideal de magistrado romano.

El próximo jueves dejaremos la Antigüedad de lado, para ver qué podemos sacar como inspiración nada menos que del Siglo de Oro español.

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