Archivo mensual: enero 2016

Tras la Máscara III

Seguimos con la serie de entradas basadas en este artículo (en inglés), en las que hablamos de la influencia del uso de máscaras en la identidad y la psicología del portador, e incluso de cómo la máscara puede desarrollar con el tiempo algo parecido a una personalidad propia, aunque solo sea por la presión del grupo sobre el comportamiento esperado de su portador. Y no hablamos de los Seis Dedos, sino del mundo real.

deepal267

Ya hemos visto el fenómeno en general, y cómo puede afectar al portador el ponerse máscaras con una determinada personalidad asociada. Pero nos queda aún un aspecto por tratar: ¿qué pasa cuando las máscaras representan aspectos de la personalidad del portador? Son suyas, no ancestrales, ni heredadas, ni le aportan nada que no tuviera ya en su interior. ¿Qué pasa con nuestra identidad cuando escogemos vestir un rostro que representa únicamente una parte de nosotros mismos?

Como introducción, traduzco un par de fragmentos interesantes del artículo:

(…) Gran parte de nuestra vida social es similar a una experiencia con máscaras. Vamos al trabajo con una máscara profesional, y luego volvemos a casa y nos ponemos la máscara de padres. Incluso tenemos personajes específicos para amigos concretos (…). Estos estados de máscara tienen un propósito. El juego de rol nos proporciona un conjunto de atajos que facilitan comportamientos que podrían parecer falsos o embarazosos a nuestros yos “verdaderos” (piensa en “hablar del tiempo”, o cantarle una canción sin sentido a un niño de tres años). Cuando la gente nos ve en términos de esas máscaras, por lo general se lo permitimos (…) y de hecho, el yo puede que no sea más que un aglomerado de máscaras, de todos los roles que jugamos, incluidos los que interpretamos en fantasías privadas (…).

ApocalyptoMask

Aquí tenemos un resumen estupendo del tema principal de Máscaras de Matar, y del funcionamiento básico de los cambujes personales. Recordemos que los gargales utilizan las máscaras para mediar en las relaciones interpersonales y los lazos clientelares que son la base de su sociedad. En esencia, un gorgota interpreta en el día a día, incluso ante sí mismo, múltiples “personajes”, un aglomerado de máscaras, como dice el artículo, y escoge una u otra en función de la situación y de sus intereses particulares.

Es importante tener esto en cuenta a la hora de interpretar al personaje y escoger sus máscaras. El sistema concreto que vamos a utilizar ya lo veremos en el juego, y estará relacionado con los Aspectos, pero por ahora nos vamos a centrar en la interpretación pura y simplemente. Cuando crees las máscaras del personaje, piensa, ¿qué representa cada una? ¿qué faceta de su personalidad, qué ambiente, qué relaciones?

La máscara debería ser un personaje por derecho propio, y tener sentido y coherencia. Si un cambuj en concreto representa al personaje en su faceta guerrera, por ejemplo, debería mostrar unos rasgos más o menos fieros (o aterradoramente serenos), unos sellos determinados, y quizá incluso estar construido con materiales simbólicos (digamos hierro y madera de fresno, que se usa para las lanzas); todo ello muy diferente de la que represente su faceta de padre, o la máscara que use cuando va a la taberna con sus amigos.

Pero no te quedes en la máscara. Cuando el personaje se la cala, ¿cómo cambia su personalidad? Si lleva la máscara guerrera, ¿está más centrado y sereno, o se vuelve arrogante y feroz? Si lleva la de la taberna, ¿es un juerguista descontrolado, o la voz de la razón que aprecia los buenos vinos y mantiene la calma por todos? Es más, ¿por qué, por ejemplo, Cosal tiene siete máscaras, mientras que Palo Vento no tiene ninguna? ¿Qué lleva al personaje a usar una máscara, dos o las que sean, y en qué situaciones?

Recuerda que la máscara es una herramienta para el personaje. Nunca te tomes el trabajo de crear un cambuj que no se va a poner nunca, y mucho menos si no va a aparecer en la partida. A lo mejor el personaje usa una determinada máscara para cuidar a las cabras de su rebaño, pero a menos que la partida trate sobre su lucha con los lobos de las montañas, no tiene mucho sentido detallarla. Así que piensa, ¿en qué situaciones se pone mi personaje una máscara, y cuál se pone en cada caso? Sobre todo, y esto es quizá lo más importante, ¿por qué se pone cada una?

prueba

En nuestro ejemplo anterior, quizá el personaje deja fluir la rabia acumulada cuando viste la máscara guerrera, pero mantiene un férreo control en el resto de los casos. Quizá opta por la máscara de la taberna no solo cuando bebe, sino también en toda situación social relajada, en compañía de sus amigos y parientes, cuando puede dejar subir a la superficie ciertos aspectos de su personalidad que no son adecuados, por ejemplo, en el trabajo o ante sus superiores o inferiores. Cada máscara representa una necesidad psicológica del personaje, y es su respuesta a esa necesidad. En algunos casos se pueden volver adictivas: piensa en la máscara guerrera que le permite desahogar ira y frustración, e imagina qué pasará si está meses sin usarla. Mejor aún, imagina qué pasará si tiene que ponérsela cada poco tiempo y dar rienda suelta a esa parte de su personalidad.

Cuando pienses en el personaje y sus máscaras, intenta siempre ir más allá. Piensa en cómo cambia según lleve una u otra, qué experiencias de su vida o qué relaciones sociales, clientelares, familiares o incluso amorosas están ligadas a cada una. Piensa por qué el personaje siente la necesidad de llevar un cambuj, dos, o ninguno. Pero no lo tomes como un paso adicional, a posteriori, un colofón al personaje ya creado. La creación de las máscaras es una parte integral del desarrollo del personaje, que te permitirá explorarlo mejor y conocer las distintas facetas de su personalidad. Así, al desarrollarlo todo en conjunto y dividir su identidad no solo crearás un personaje más profundo y “redondo”, sino que tendrás una idea mucho más clara a la hora de interpretarlo.

Anuncios

Tras la Máscara II

La semana pasada hablábamos de este artículo, que trata sobre el aspecto psicológico de las máscaras en el mundo real: cómo a menudo parece que tienen una personalidad propia y persistente, que a veces “nace” como la de un niño y se desarrolla con el tiempo, cómo sus portadores con frecuencia sienten que no son ellos mismos cuando las portan, e incluso que son “espíritus” o están poseídos, y cómo en algunas sociedades se considera que lo que hagan con la máscara puesta no es obra suya, sino del espíritu de la máscara.

proceso1

En realidad, podría acabar esta entrada aquí. Todo ello lo vemos en el universo de Máscaras de Matar, con distintos matices y filtrado a través de las culturas de los Seis Dedos y ese particular carácter de magia insinuada pero no confirmada que tiene la ambientación. Pero en esta entrada no vamos a ver cómo se manifiesta la magia de las máscaras; para eso están la novela y el libro de rol. Hoy vamos a hablar de cómo aplicar eso en nuestras partidas.

Recordemos aquel párrafo del artículo que hablaba sobre las personalidades persistentes de las máscaras. En el mundo de los Seis Dedos, como sabemos, no todos los cambujes son personales e intransferibles. Algunos se guardan en santuarios de ferales o sociedades, y se escoge a un portador temporal para unas circunstancias determinadas. Para esto nos valen por igual las máscaras de matar (“es simplemente una máscara de matar hecha para que la lleve gente lobo”, dice Corocota), las máscaras tradicionales de las altacopas, o alguna máscara menor de un feral o de un santuario. ¿Quién sabe? Quizá incluso los alcaldes de la ciudad sagrada de Resegra tienen máscaras especiales que usan sus subordinados para cumplir ciertas funciones.

Imagina que tu personaje recibe temporalmente un determinado cambuj, uno que ya han usado otros antes. Al ponérselo, deja de ser Astaruga de la sociedad de los jabalíes, y pasa a adoptar temporalmente la identidad de la máscara; o mejor dicho, una mezcla de ambas, la suya y la del cambuj. Quizá usa una máscara arcaica, de arcilla roja, que representa a uno de los llamados “bermejos”, un jabalí joven y violento, y esos rasgos de personalidad se mezclarán con los suyos. Pero, y ahora viene lo interesante, es posible que más adelante esa máscara pase a, digamos, su pariente Caogar, también un hombre jabalí. Aunque ambos no puedan ser más distintos, cuando Caogar vista la máscara, parte del carácter salvaje del bermejo se mezclará con su personalidad.

hogmask01

A la hora de interpretar, podemos sacar el máximo partido a esto, hasta el punto de lo inquietante. Quizá Astaruga y Caogar adoptan exactamente los mismos gestos mientras visten la máscara del Bermejo: rechinar los dientes, atusarse la barba, lo que sea. Quizá, y esto suele tener bastante efecto, empiezan a utilizar una misma coletilla, o una expresión que antes no utilizaban. En casos extremos pueden hacer referencias veladas a acontecimientos que ocurrieran mientras el otro calaba la máscara (sin abusar; puede que tengan una idea, como algo recordado en un sueño, pero no sirve para transmitir información).

Lo mismo funciona a la inversa. Imagina la sorpresa de un cliente habitual cuando su altacopa favorita se presenta con una máscara que no había llevado antes, y descubre su personalidad completamente cambiada. Es la misma persona, pero se mueve de manera diferente, habla de manera distinta, y se comporta de forma totalmente opuesta. Ahora haz que se cruce con una segunda altacopa, que lleve la máscara de la original. ¿Cómo reaccionará nuestro cliente?

máscara altacopa

Como decíamos, todo esto se puede extender al aspecto social. La máscara protege, pero también obliga. Digamos alguien te ofrece el cambuj de un manamaraga que acaba de morir en un duelo, ¿te arriesgas a asumir, junto con ella, la posible venganza de aquellos a los que matara mientras la llevaba?  Cuando te ofrecen una máscara, ¿qué deudas, qué obligaciones, qué lazos lleva aparejados? Es más, incluso, ¿qué personalidad, qué recuerdos?

Pero no todas las máscaras son antiguas, ni heredadas, ni llevan una historia aparejada. Muchos personajes llevarán también máscaras personales, y éstas nos pueden dar también mucho juego. Pero de ello hablaremos la próxima semana.


Tras la Máscara

La primera publicación del año va a tener que ser corta por necesidad, pero no se preocupen, que les dejo algo para leer. El artículo me lo pasa Daniel Puerta y se dedica en particular al fenómeno del anonimato en Internet, pero tiene secciones muy interesantes sobre el uso de máscaras en culturas preindustriales que pueden servirnos para afinar y mejorar la interpretación de nuestros personajes de Máscaras de Matar.

Como estos

De hecho habla sobre algunos aspectos de la experiencia con máscaras que yo solo había visto en Máscaras de Matar, pero al parecer se dan en el mundo real. Testamento a la investigación de León Arsenal, y otra prueba más de que esta ambientación se mueve siempre en una fina línea entre lo posible y lo quizá sobrenatural.

El artículo está aquí (en inglés), pero procedo a traducir algunos de los fragmentos más interesantes. 

El primero son las palabras de un portador de máscaras Igbo, de Nigeria:

Cuando la llevo puesta [la máscara], lo que yo veo los demás no lo ven. Si me traen tres litros de vino de palma y me los ponen en la boca me los puedo beber, pero otros no pueden… entiendo a la gente de otra manera, porque cuando los miro mis ojos son ojos de espíritu, no ojos de persona.

16-igbo-mask-from-nigeria-paul-greenway

Inmediatamente después hay un párrafo general sobre el carácter de las máscaras que puede ser muy interesante para las partidas:

Los espíritus que habitan las máscaras pueden ser criaturas caprichosas, e incluso salvajes. Hay informes de portadores de máscaras encadenados para evitar que ataquen a los transeúntes. Algunos dioses – máscara, como los Egungun de los Yoruba, pueden, según se dice, matar a una persona sin máscara con un simple toque. Una máscara Tibetana se retiraba de su santuario solo una vez al año para preparar su ceremonia. Durante la noche quedaba encerrada en el templo, mientras los monjes cantaban oraciones para impedir escapar a su malicioso espíritu. Los aldeanos en kilómetros a la redonda atrancaban las puertas. Entre los Ilahita Arapesh de Melanesia, los asesinatos rituales eran cometidos por un hombre poseído por la máscara apropiada.

Esto último es una máscara de matar, con todas las letras. Y sigue:

En cualquier acto violento cometido por un portador de máscara, el ser humano no es considerado responsable; todo el mundo entiende que el crimen fue cometido por la máscara misma.

En este punto tenemos el impulso colonialista de pensar que eso son cosas de pueblos “primitivos” en sociedades “sin desarrollar”. No tan rápido.

Muchas compañías de teatro occidentales contemporáneas también usan máscaras para ensayos o actuaciones, y la experiencia de los actores con máscaras tiene similitudes sugestivas con las de quienes las usan ritualmente. Keith Johnstone, antiguo director del Royal Court Theatre en Londres, usaba máscaras asiduamente en su trabajo. En Impro: Improvisation and the Theatre (1979), escribió: “Verdaderamente parece que el verdadero actor enmascarado es poseído por un espíritu. Puede que sea una tontería, pero así es la experiencia, y así ha sido siempre”.

deepal267

Atención al siguiente párrafo, que es el mejor para lo que a nosotros nos interesa:

Johnstone cuenta que las máscaras tienen personalidades que persisten, sin importar el portador: a una máscara con la nariz caída le gustaba coger palos y pegarle a la gente, sin importar quién se la pusiera; a otra le gustaba encaramarse al borde mismo de las sillas y caerse.

El próximo fragmento puede sernos útil si vamos a introducir en nuestras partidas la creación de una nueva máscara. Recordemos que hablamos siempre del mundo real:

Una nueva máscara es como un bebé que no sabe nada sobre el mundo… muy a menudo una máscara tiene que aprender a sentarse, o a agacharse, o a sujetar cosas… no saben destapar jarras; no entienden la idea de envolver las cosas (si les dan un regalo, se limitan a admirar el papel). Si algo se cae al suelo, es como si dejara de existir. Una estudiante siempre se iba de la sala antes de usar una máscara particularmente regresiva. Le pregunté por qué, y respondió: “es una tontería, pero tengo miedo de mearme encima, así que siempre voy al baño”.

Imaginen a la Real en sus primeros pasos, en un santuario subterráneo iluminado con lámparas de aceite, las paredes llenas de grotescas tallas gargales y los cambujes de jabalí de los hermanos Mutel mirándola entre las sombras, mientras un portador de prueba aprendía con ella a moverse, a mirar, a hablar, a vestirse…

400px-Varaha_Badami

via Wikimedia Commons

Como no tengo ni idea de psicología, dejo a los expertos opinar sobre este fenómeno en el mundo real. Quizá tiene que ver con una combinación de presión de grupo (se sabe que esto ocurre, una máscara tiene tal o cual fama, veo al otro hacer tales cosas cuando se la pone…) con simplemente aspectos que sugiera el aspecto de la máscara. En el caso de la de la nariz caída, quizá tiene una expresión cruel o desdeñosa que anima al portador a dejar fluir su agresividad. No lo sé, pero es una reflexión interesante sobre el papel de las máscaras y su uso en el mundo real.

La próxima semana habré tenido tiempo para reflexionar sobre el artículo y veremos cómo emplear todo esto en partidas de Máscaras de Matar. Por ahora, les recomiendo que lo lean, aunque tengan que usar un traductor online.