Archivo mensual: septiembre 2016

Gancho: Ni Contigo Ni Sin Ti

En esta nueva entrega de la serie sobre ganchos para partidas veremos algo que podemos dar por hecho en Máscaras de Matar, pero que no es ni mucho menos tan sencillo como parece: las lealtades juramentadas y las obligaciones rituales que pueden llevar a un personaje a jugarse la vida por otro.

Sabemos que muchas veces un personaje estará obligado a respetar, obedecer o seguir a otro, por distintos motivos. Quizá por lealtad a su feral, quizá por un juramento personal, quizá porque uno de ellos es un juez o máscara mayor de la gente león, o incluso por una lealtad ancestral, como es el caso de los eredales de gentes culebra que siguen al Cufa Sabut. Puede ser que el personaje lleve una máscara que esté ligada a otra, como es el caso del propio Cufa Sabut con la Máscara Real.

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Este tipo de relaciones no son tan sencillas como parecen. Desde luego, todos hemos pensado en el clásico caso de un conflicto de lealtades, y aquí mismo hemos hecho referencia al mismo muchas veces. Tu jefe juramentado te ordena saquear la caravana en la que viaja tu amante, cosas así. Pero podemos ir incluso más allá. ¿Qué ocurre cuando el personaje está obligado a obedecer a alguien a quien desprecia, o incluso odia? 

No puede simplemente renunciar a su servicio sin una buena razón. De entrada se ganaría reputación de poco fiable y podría quedar deshonrado. Ningún gorgota está aislado, de manera que seguramente de su relación con el jefe dependan otros hilos de juramentos y lealtades y múltiples intereses. Esos otros juramentados, e incluso sus propios parientes, podrían presionarle para que no abandonara a su jefe. Éste lo hará sin duda, recordándole que tiene unas obligaciones que cumplir, y que a cambio de su servicio ha recibido una serie de beneficios que debe compensar. Quizás incluso le pida una última misión suicida si quiere abandonarlo. No debemos olvidar tampoco el aspecto psicológico. El personaje no se tomará a la ligera una decisión así, que puede suponer un cambio radical en su vida, una mancha en su reputación, y tener consecuencias terribles. Si además usa una máscara que está vinculada al jefe, la cosa se complica aún más.

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Pero, ¿qué otra opción le queda? Si permanece a su servicio, se verá obligado a servir e interactuar diariamente con un jefe que le repugna. Se verá obligado, seguramente, a cumplir órdenes que le desagradan, o a las que se opone frontalmente. Si el personaje está en buenas relaciones con su jefe hay una serie de preguntas obvias: ¿Será capaz de poner la lealtad por encima de sus lazos personales? ¿Llegaría a causar daño a inocentes o cometer actos que se considera inmorales si es para cumplir sus órdenes? Pero en este caso vamos más allá: ¿Será el personaje capaz de hacer todo eso en nombre de una persona a la que desprecia? 

¿Cómo reaccionará a esta situación? ¿Cómo le afectará psicológicamente? ¿Intentará usar una máscara para descargar la responsabilidad de ese aspecto de su vida? ¿Se lo dirá a alguien? ¿Cómo reaccionarán los demás juramentados del jefe? ¿Será capaz de criticarlo abiertamente y resistirse a obedecer? ¿Agitará la disensión entre sus seguidores? ¿O intentará suplantar al jefe mediante un duelo ritual o el simple asesinato?

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Y, por rizar el rizo, ¿qué hace que el personaje odie a su jefe? ¿Son rivales por las atenciones de un/a amante? ¿El jefe, como Agamenón a Aquiles, le ha quitado su parte del botín en el reparto? ¿Le ha ofendido en público, humillado o despreciado? ¿Le ha obligado a hacer algo contra su voluntad, o ha perjudicado a los suyos? ¿Sencillamente se ha vuelto corrupto, débil o loco? La reacción del personaje dependerá mucho de las circunstancias del desencuentro, así como de su personalidad, y de las máscaras que usen tanto él como su jefe.

Un gancho de este tipo se presta bien para una historia con pocos jugadores, quizá uno interpretando al juramentado insatisfecho y otro a su amigo que permanece leal, o un pequeño grupo de descontentos dentro de un séquito más grande. La literatura y el cine están llenos de posibles prototipos, desde la Ilíada que ya mencioné antes hasta las películas de mafiosos.

 


Personajes: Esude de la Sociedad del Búho

Volvemos a presentar un personaje de la novela, aunque uno que apenas sale mencionado una vez. En este caso se trata de un gargal montañés, Esude de la Sociedad del Búho, seguidor del jefe Lobo Feroz en las Tierras Altas. Este es, además, el primero con máscara. Como siempre, es solo una muestra: en el libro básico habrá una descripción más completa. La ilustración, como es habitual, de Daniel Puerta.

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Montañés de la Sociedad del Búho

mdm_gargalLa sociedad guerrera de Esude lleva instalada en los agrestes riscos y los sombríos pinares de las Tierras Altas del Carauce desde antes de la aparición de los armas. Montañeses curtidos, transmiten de generación en generación, junto con los secretos de sus artes guerreras las leyendas y los misterios de los bosques que habitan. Esude aprendió en canciones y leyendas, desde la más tierna infancia, la posición de cada roca, los cambios estacionales de cada riachuelo, y las rutas migratorias de cada animal.

Solemne y adusto, Esude se gana la vida como cazador y guerrero, que para él, como para muchos montañeses, es lo mismo. Como el búho que da nombre a su sociedad, se mueve silencioso entre los pinos, refugiándose en las sombras y abatiéndose sin ser visto sobre su presa, sea hombre o animal. Es un heraldo de la muerte, devoto de Ejaune, que guía su mano para segar silenciosamente la vida de sus víctimas. Son estas cualidades las que le han valido un puesto en la comitiva del señor de la guerra Lobo Feroz como explorador y experto en escaramuzas nocturnas. El jefe arma confía ciegamente en las indicaciones del gargal, capaz de conducir a una partida a través de los bosques más espesos, o de cazar a los enemigos en fuga allá donde se encuentren sin mostrar ni placer ni misericordia.

Aspectos: Experto en escaramuzas nocturnas. Seguidor de Lobo Feroz.  Ejaune guía mi mano.  Hijo de la sociedad del Búho del Carauce. Misterios del bosque y los pinares.

Los Aspectos de Esude nos indican exactamente su lugar en el mundo. Como especialista en escaramuzas nocturnas, tiene ventaja en esas condiciones, pero puede verse obstaculizado en una lucha mano a mano en pleno día. Al ser seguidor de Lobo Feroz, está vinculado al jefe y debe obedecer sus mandatos, pero también puede pedirle favores. Lo mismo puede decirse de la sociedad del Búho: puede utilizar sus recursos, pero está sometido a sus dictados. Como devoto de Ejaune, Esude frecuentará los santuarios y santones del dios, donde puede encontrar tanto aliados como conflictos. Finalmente, Esude conoce los misterios del bosque, los lugares ocultos y los secretos enterrados, pero a menudo saber demasiado es tan peligroso como no saber nada.

Emoncor  

El Emoncor es una máscara ancestral de la sociedad del búho, tallada en madera oscura y con pico y adornos de bronce verde. Es un cambuj grande y barroco, que cubre prácticamente toda la cabeza de Esude excepto el labio inferior y la barbilla, y le da un aspecto fantástico y grotesco al ser entrevista a la luz de una hoguera entre las agujas de los pinos.

La muerte sigue a Esude cuando porta el Emoncor. A menudo la de sus enemigos y los de Lobo Feroz, pero, a veces, también las de sus aliados. Las rencillas desembocan en hierros con frecuencia a su alrededor, y los malos presagios se acumulan. Con la voz enronquecida por la forma de la máscara, Esude pronuncia frases crípticas que hielan la sangre en las venas y apuntan a que, tras la frente de madera del Emoncor, quizá se escondan secretos verdaderamente oscuros.

Aspectos: Ave de mal agüero. Ejaune guía mi mano. 

 


Gancho: Obligaciones Cívicas

A veces, desarrollar una partida en un mundo tan complejo como el de Máscaras de Matar puede resultar una tarea abrumadora. Hay demasiados pueblos, demasiadas costumbres, demasiados intereses contrapuestos y demasiadas sutilezas, y uno puede perderse fácilmente, o encontrarse con tantas opciones que no sabe qué hacer con ellas. Para remediar este problema, empiezo aquí otra serie discontinua, en la que iré proponiendo ganchos e ideas para historias, que puedas utilizar como base para tu partida.

Hoy vamos a empezar por algo que es muy importante en el mundo de Máscaras de Matar, pero en la novela está tan en el trasfondo que apenas lo vemos. Ya lo hemos mencionado alguna vez al hablar del trabajo y de las fronteras: la obligación que tienen los gorgotas de presentarse cuando son movilizados por la gente león o por su feral con el objetivo de prestar determinados servicios a la comunidad con su trabajo. Es algo similar a las corveas feudales, a la obligación de los campesinos egipcios de trabajar en las pirámides, o incluso,  al servicio militar moderno extendido a otro tipo de actividades.

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Como sistema, no tiene demasiada complicación. Bien las máscaras mayores del feral, eredal o sociedad, o bien la gente león (en el caso de los armas; en el caso de los gargales quizá el consejo de ancianos o un rey brujo) seleccionan a determinadas personas para cumplir por turnos determinadas labores, y éstas no pueden negarse, aunque, como siempre entre los gorgotas, es posible un cierto grado de negociación. Por ejemplo, podría argumentarse un asunto urgente, como la salida de una caravana, o el nacimiento de un hijo, una enfermedad, o, y esto es lo más interesante, una obligación incompatible.

Por ejemplo, ¿qué pasa si a un cazador de cabezas se le encomienda una labor en su ciudad natal mientras está en medio de una cacería? Lo normal sería que la caza tenga precedencia, pero quizá la ciudad necesita urgentemente, digamos, un capitán de alguaciles, y no hay nadie más disponible. ¿Qué pasa si un juramentado tiene que acompañar a su señor a la guerra, pero al mismo tiempo es convocado para segar los campos de su feral? ¿y si se aproxima un importante festival religioso y el personaje, sin ser un santón, tiene alguna deuda con el ídolo, y justamente se le convoca para defender los muros de Minacota?

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Hay que discutirlo con este

Pero la cosa no acaba ahí. Estos trabajos son una obligación, pero también puede ser un honor. Un rival del personaje puede verse agraviado si a éste se le encarga una misión de responsabilidad y a él no. Dos ferales pueden maniobrar para que sus miembros ocupen los cargos más prestigiosos, aunque sean temporales, presionando a la gente león, invocando antiguos favores, e incluso extorsionando o saboteándose mutuamente, hasta el punto de que las cosas pueden ponerse violentas. Incluso un feral puede presionar para que se encargue a una estrella ascendente de otro una tarea humillante, haciéndole perder prestigio.

Por otro lado, ser convocado para uno de estos servicios puede poner en contacto al personaje con toda clase de gente, sea como colaboradores o como antagonistas. De ahí pueden surgir nuevas alianzas y enemistades, rivalidades, juramentos, venganzas… y por supuesto es una herramienta sencilla para reunir a un grupo, aunque si son de distintos ferales tendrá que ser una tarea para los armas en su conjunto, encargada por la gente león… a menos que los personajes no sean aliados.

Como estos

Puede ser difícil hacerse una idea de qué servicios puede requerir un feral o una ciudad arma. Para ello podemos inspirarnos en análogos de la vida real, como los ya mencionados, o los munera romanos y liturgias griegas, que eran básicamente lo mismo: obligaciones no del todo voluntarias del ciudadano para con la ciudad, que debía emprender con su propio dinero. La siguiente lista está obtenida de Municipal Administration in the Roman Empire, de F. F. Abbot y A. L. Johnson (Princeton University Press, 1926), traducida libremente, y adaptada:

El cuidado de los acueductos, templos, archivos y edificios públicos; la calefacción de los baños públicos, la compra de grano y aceite, la gestión de los ingresos municipales, la recolección del tributo en grano y la organización de reclutas, caballos, y otras bestias de carga para el servicio público; oficiales de policía, capitanes de puerto, fiscales, jueces locales, embajadores, escribas, y otros cargos menores.

A esto añadimos corveas como el sembrado de los campos y la siega y recogida del grano, la vendimia, la reparación y el mantenimiento de murallas, canales y diques, y labores de guardia como las de las mujeres urraca que se encuentra Corocota en los parapetos sobre el Tal-Estaú, y ya tenemos bastante con lo que trabajar.