Archivo mensual: octubre 2016

Personaje: Caúg lar Mahín

Esta semana presentamos un nuevo personaje de ejemplo extraído de la novela: Caúg lar Mahín, el Jato Malaváia, caravanero pandalume de Gaiola y aliado del Ras en la guerra de la Máscara Real.

Caúg lar Mahín

El Jato MalaváiaMdM_Pandalume_Oriental

Dicen que Gaiola es uno de los ombligos del mundo. Emplazada en
Aspoulas, a medio camino entre el Chan Menor, Lagoa y el Alto Norte, no pasa un día sin que crucen sus puertas caravanas en ambas direcciones. Y muchas de esas caravanas pertenecen al lar Mahín, una poderosa familia pandalume con parentela en lugares tan alejados como Pagaise y Parautapedra, cuyos intereses son más cercanos a
los de los armas que a los de los pandalumes de Tres Cortes. Caúg, llamado el Jato Malaváia, es uno de los caravaneros más experimentados del lar, buen conocedor de los caminos que llevan a Yribse Magul, al Urante y más allá. Es un hombre de mediana edad, fornido, con manos de campesino más que de comerciante, y con una espesa barba teñida de azul y blanco.

Severo pero justo, sus caravaneros lo respetan como a un padre y lo seguirían a cualquier parte. El Jato es un hombre de mundo, al que el veneno del camino se le ha metido en la sangre. Gusta de viajar y de conocer gente, y quizá por ello tiene amigos en todas partes, incluyendo algunos grandes, como Mascor Masade, máscara mayor gorgota de Gaiola, a cuya mesa se sienta con frecuencia.

Aspectos: Veterano jefe de caravanas. Amigos desde Yribse Magul hasta Tres CortesHijo predilecto del lar Mahín. Más aspecto de campesino que de mercader. El veneno del camino.

Los Aspectos del Jato nos hablan de alguien firmemente asentado en su lar, y con conexiones hacia el exterior. El ser un jefe de caravanas veterano le da ventaja en el comercio y a la hora de viajar, pero  mismo tiempo le puede ganar rivales y enemigos. El ser hijo predilecto del lar le da una posición de ventaja, pero le supone a veces tener que obedecer a los designios de las lais más que a los propios, y verse involucrado en asuntos que quizá no le convengan personalmente. El Veneno del camino, que hace referencia a la necesidad del Jato de estar siempre en ruta, lo cual le beneficia, pues conoce todos los atajos y los lugares importantes, pero también le hace difícil permanecer mucho tiempo en el mismo sitio.

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Gancho: La Máscara del Poder

Siguiendo con la serie irregular sobre ganchos e inspiración para historias, hoy vamos a hablar de algo que me sugiere el mundo real. Aunque no voy a hablar de política en este blog (bastante me aguantan en Twitter), me refiero a los recientes acontecimientos políticos en España, que nos pueden servir muy bien para hacernos una idea de cómo funciona una trama de intrigas y, sobre todo, para entender la diferencia entre el poder real y su apariencia, o su máscara, algo que puede ser muy interesante en Máscaras de Matar.

De entrada, un primer axioma: quien detenta el poder no es necesariamente quien ostenta el cargo. Un líder tradicional, o ritual, el portador de un título o incluso de una máscara no tiene por qué ser necesariamente el líder real. Sus subordinados pueden rendirle una pleitesía solo simbólica, mientras que obedecen las instrucciones concretas de otro, o puede incluso que lleguen a despreciarlo abiertamente, al menos cuando no está delante. Aparte del ejemplo español, tenemos casos similares en la historia, como los emperadores japoneses cuyo poder absoluto era únicamente teórico, y en la cultura popular, como Junior en los Soprano.

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Este es el emperador, no el de los Soprano. Por si acaso. 

Segundo: el poder se manifiesta ejerciéndolo, y simbólicamente. Puede parecer una contradicción con lo anterior, pero no lo es necesariamente. Si todo va bien, el poder real y el simbólico están alineados. Si no, convocas un consejo y la gente no acude, o acude pero no acata el procedimiento y el orden del día que habías establecido. Cuando hay una crisis, la gente se vuelve hacia quien ejerce el poder real, no el simbólico, y el mero hecho de hacerlo es un símbolo. Un rey brujo solo en su sala de consejo, mientras en la antecámara todos consultan con un jefe guerrero: ¿hay mejor símbolo, y ala vez mejor manifestación práctica, de un cambio en el poder?

Tercero: Tiene poder quien logra hacerse obedecer. Esto es una perogrullada, pero hay que tenerlo muy en cuenta, sobre todo en situaciones de crisis. Viene muy relacionado con lo anterior, pero va más allá de lo meramente simbólico. Por ejemplo, supongamos que un jefe guerrero alza sus banderas y declara la guerra a una tribu nómada del Chan. En teoría, sus juramentados y seguidores deberían acudir a él con sus propias tropas… pero supongamos que, en lugar de hacerlo, uno de esos jefes decide esperar a ver cómo termina la cosa, o, peor aún, otro de ellos decide intentar un acercamiento a la tribu nómada. Quizá un tercero, viendo a su líder débil, empiece a buscar apoyos para derrocar al jefe…

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Cuarto: Los cambios son drásticos, y solo se perciben cuando ya han ocurrido. Las conspiraciones y las intrigas ocurren, por definición, entre bambalinas. Desde luego que habrá tensión y tiranteces, pero todo el mundo intenta siempre mantener una fachada de normalidad. Recordemos el primer punto sobre el poder simbólico. El simbolismo, la charada, la máscara, se mantienen hasta el último momento, y cuando llega la crisis, llega de manera súbita y abrupta, con un círculo de senadores apuñalando a Julio César, o unos caballeros entrando a saco en la Catedral de Canterbury en busca de  Thomas Beckett. En un solo momento de violencia y agitación, todo cambia para siempre de un solo golpe.

Así que atentos a esta secuencia: el poder está en unas manos distintas a lo que aparenta, los símbolos se empiezan a resquebrajar, luego el líder pierde el poder de hacerse obedecer, y finalmente todo acaba en sangre y un cambio drástico. Ahora solo queda ocuparse del destrozo, recoger los escombros, y afrontar las consecuencias.