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Idiomas

“El cinca, el falanai, las siete grafías cou-tou, los tres alfabetos gargales…” con estas palabras (citadas de memoria), don Tavarusa nos ofrece un atisbo de la complejidad lingüística del mundo de los Seis Dedos. Algo perfectamente comprensible, si tenemos en cuenta la variedad de pueblos y culturas que lo habitan, y lo escarpado del terreno, cosa que suele fomentar el aislamiento y el desarrollo de dialectos y variantes, que a veces llegan a hacerse ininteligibles entre sí.

A lo largo de la novela, vemos muchos más ejemplos de las distintas lenguas que se hablan en la región, aunque no lleguemos a tener muestras de la mayoría. Así, sabemos que Palo Vento, al ser escriba, domina varios alfabetos distintos; sabemos que los mediarmas del Alto Norte se comunican con sus aliados en la lengua de éstos, el caraloca. Sabemos que en el Chan hacen falta intérpretes para entenderse entre las distintas tribus nómadas. Sabemos que existe el alto arma, y podemos deducir de ello que existe el arma vulgar.

Y aunque siempre se menciona “el gargal”, la existencia de tres alfabetos distintos para escribirlo, además de la gran separación de sus hablantes en sierras separadas por el Carauce y las llanuras, y el hecho de que la onomástica puce (que al fin y al cabo es parte del idioma) parezca diferir del resto, nos hace suponer que deben existir al menos dos o tres variedades, por no hablar de una lengua clásica y culta.

De los pandalumes sabemos que su lengua madre, que eso significa, se llama falanai; también ellos están dispersos por un territorio enorme, y han desarrollado culturas muy distintas, por lo que es probable que el falanai sea, o bien una lengua clásica, o una lingua franca, mezcla de esta lengua clásica con los múltiples dialectos de los distintos grupos pandalumes.

Esta es, además, la única de la que tenemos algunas palabras. Chan, lai y lar proceden directamente del falanai; también Changola, nombre que dan al Sursur, y por supuesto chan e curmáns, el leitmotiv de toda la cultura pandalume: tierra y parentela. En un tono más siniestro, talafurata y meigallo veio, mala magia, son también palabras pandalumes.

Del cinca y el cou-tou nada más sabemos. La primera probablemente es la lengua de algún pueblo de las llanuras, y la segunda quizá, por analogía con Te-Cui, el idioma de algún pueblo del Sursur, quizá con siete dialectos, ya que tiene siete grafías distintas.

Hagamos recuento: tenemos, como mínimo el falanai y sus variantes, el alto arma, el arma vulgar, tres dialectos gargales, el caraloca, el cinca, siete variantes del cou-tou, e incontables lenguas nómadas. ¿Cómo lidiamos con esto en un juego de rol? ¿Cómo hacemos para reflejar toda esta variedad en el sistema?

Sencillo: no lo hacemos.

No me he cansado de repetir en este blog, ni me cansaré, que el sistema debe adaptarse y reflejar la ambientación. Pero también he dicho alguna vez que el sistema debe ser sencillo, ocuparse de lo importante, y dejar ciertas cosas a la narración. Así que en principio, en Máscaras de Matar, los idiomas que habla un personaje dependen de la narración, no de los puntos de la ficha ni los dados. En esto sigo la tendencia habitual en Fate, no es nada que se me haya ocurrido a mi solo.

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Ya lo echaban de menos, ¿eh?

El razonamiento, muy sencillo, es el de siempre: ¿va a ser importantísimo en la historia el hecho de que un personaje hable falanai y el otro caraloca? Si lo es, por ejemplo si se trata de un grupo de intérpretes negociando entre tribus nómadas, tienes las herramientas para añadirlo, como Habilidad o Proezas. Si no, es una pérdida de tiempo. El número de puntos de Habilidad y de Proezas que un personaje puede repartir es limitado, y hay que mantenerlo centrado en lo que va a ser útil e importante en la partida.

Las lenguas francas de la región parecen ser el arma, el falanai, y en el norte el caraloca. Echa un vistazo a la historia del personaje, a sus Aspectos, a sus Habilidades, a los lugares por los que se mueve. Un viajero o comerciante conocerá más dialectos locales; un erudito, alto arma y gargal clásico. Y todos los demás serán capaces de defenderse mal que bien en alguna de las lenguas francas. Listo. No hace falta gastar puntos para algo que se deduce directamente del concepto del personaje.