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Vista Previa: El Carauce

Esta semana les traigo una vista previa del apartado gráfico del libro de rol de Máscaras de Matar. Como saben, aunque habrá ilustraciones de manos de otros artistas, Daniel Puerta se está encargando de la mayor parte del trabajo. Y entre otras cosas, nos ha hecho un par de mapas bastante espectaculares que seguro que les van a encantar.

Como a veces hablamos en el blog de lugares como el Carauce, Yribse Magul o Escarpa Umea, se me ha ocurrido dejarles ver una parte de uno de esos mapas, la que cubre el interior del Carauce y hacia las Tierras Altas. Observen como Daniel se ha encargado de que cada ciudad o fortaleza sea diferente de las demás, y todas tienen su propio carácter, y a la vez elementos comunes, basados en la iconografía de los códices aztecas. Por ejemplo, Escarpa Umea, la fortaleza de las altacopas, tiene un remate que recuerda a los tocados de las lais, mientras que Resegra, la ciudad sagrada, está rematada por dos templetes, y Yunquera, sede de la gente león, tiene dos poderosas torres fortificadas. Todas las demás ciudades del mapa, desde las más importantes como Minacota, Pagoa y Tres Cortes hasta las secundiarias como Caldas, Ongún e Yribse Magul, han recibido el mismo tratamiento.

Atención también a la tipografía, que está basada en los alfabetos tartesios e iberos de la península pre romana.

Les dejo con el mapa:

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Y aquí, para que comparen, un mapa de Tenochtitlan extraído de la Praeclara Ferdinādi Cortesii de noua maris oceani Hyspania narratio (1524). No es azteca, pero la representación de los templos en lo que hoy es el Zócalo sirvió a Daniel como inspiración, junto con los códices mexicas.

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Esperamos que les guste esta vista previa del mapa. Otro día les cuento otras inspiraciones que ha utilizado Daniel para el arte, ya que de las mías para el texto les he hablado antes.


Un poco de Geografía

Me comentaba hace poco Daniel Puerta, nuestro ilustrador de cabecera, que se había puesto a calcular el tamaño del mundo conocido de Máscaras de Matar, con propósitos cartográficos. Teniendo el mapa delante, sabemos por la novela que hay unos mil kilómetros entre los Seis Dedos (probablemente entre las Sierras Culebra y Cerrada que forman su límite oriental) y el Lago Qom Lonbo. A partir de ahí, se puso a calcular, y sacó las siguientes cifras:

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Área Total: 2.500.000 km2, incluyendo todas las regiones. Equivale a un término medio entre Argelia y Kazajstán.

Los Seis Dedos: 312.500 km2, una octava parte del total, o más o menos la superficie de Polonia (unos cien km2 menos).

¿Qué nos dice esto? De entrada, nos sirve para poner las cosas en perspectiva. En una sociedad preindustrial, en condiciones normales, un viajero puede recorrer unos veinticinco kilómetros al día. Las legiones romanas conseguían mucho más, y sin duda algunas caravanas muy pesadas mucho menos, pero es una media, basada aproximadamente en el paso de un hombre sin mucha prisa. Tengan en cuenta también que toda comitiva se desplaza al ritmo de su miembro más lento, y a un par de bueyes, por ejemplo, es difícil sacarles más velocidad que esa.

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Tiendas en medio de inmensas llanuras.

Así pues, veinticinco kilómetros al día. ¿Cuánto se tarda en cruzar el Chan Menor, esos mil kilómetros de lado a lado? Pues nada menos que cuarenta días, con sus cuarenta noches de campamento en medio de las llanuras, expuestos a los ataques de los nómadas y a los animales salvajes. Como comparación, el Camino de Santiago desde San Juan Pie de Puerto hasta Compostela, el tradicional Camino Francés, tiene unos setecientos setenta kilómetros, y se puede recorrer en treinta días.

Desde luego, los Seis Dedos en sí son otra cosa. Ya no hablamos de llanuras despejadas, sino del terreno abrupto y escarpado del macizo del Carauce y las sierras que lo rodean, cortadas por profundas gargantas y valles. No hay caminos rectos, solo senderos que trazan meandros en torno a los peñascos y salvan desfiladeros de cientos o miles de metros de profundidad, y un camino que en el llano se recorrería en un día se alarga hasta una semana.

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Polonia tiene más o menos el mismo tamaño, pero no nos sirve porque es notablemente llana. Veamos dos ejemplos con una orografía más parecida. Si tomamos las partes que están en la cordillera balcánica de Grecia, Bulgaria, Croacia, Turquía y Bosnia Herzegovina tenemos 317.050 kilómetros, poco más que los Seis Dedos; y si tomamos la parte rusa del Cáucaso, más Azerbaiyán y Georgia tenemos 326.720, aún un poco más. ¿Qué nos dicen estas regiones sobre los Seis Dedos?

Nos dicen, por ejemplo, que hay cincuenta grupos étnicos solo en el Cáucaso, que hablan lenguas pertenecientes a siete familias lingüísticas distintas, tres de ellas originarias de la región. En los Balcanes, tomando solo los países mencionados, existen alrededor de otros veinte grupos étnicos, aunque muchos hablen, como ocurre en los Seis Dedos, lenguajes cercanamente emparentados.

Imaginemos la equivalencia en el mundo de Máscaras de Matar. Conocemos a varios grupos étnicos, pero la mayoría son del Chan y del Alto Norte. En los Seis Dedos tenemos prácticamente a los tres grupos gorgotas y poco más, pero puede haber muchísimos más. Pueblos momgargas ancestrales, que nunca fueron asimilados por los gargales, recluidos en valles y mesetas elevadas. O subgrupos dentro de los mediarmas, con sus propias tradiciones y dialectos, que agrupan a un buen número de eredales. Quizá incluso lugares en los que se mezclan armas y mediarmas, a lo mejor también gargales, para formar algo nuevo. Sabemos que en las Tierras Altas hay ferales enteros a los que se considera manamaragas; han desarrollado una identidad propia, en la que el ser manamaraga ya no es un rasgo individual, sino parte de su cultura. Y, ¿qué son los misteriosos mochas-pochas? ¿Quién sabe qué más cosas se esconden entre los picos?

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¿Qué más tienen en común los Balcanes y el Cáucaso? Historias violentas de luchas entre facciones, bandoleros en los caminos y los barrancos, señores de la guerra encastillados en fortalezas de las montañas, la venganza de sangre como institución, leyendas de criaturas monstruosas y demonios ocultos entre los bosques y los picos más escarpados, costumbres ancestrales y una resistencia enconada a dejarse penetrar por la “civilización” que llegaba de las llanuras. Todo ello, en mayor o menor medida, lo podemos encontrar en los Seis Dedos.