Archivo de la etiqueta: máscaras

Perdido en la Memoria (I)

Volvemos a las andadas con el blog después de un par de semanas de inactividad. La semana pasada no pude publicar porque estaba de viaje, pero esas vacaciones me han dado la idea para el artículo de hoy, y para algo que creo que puede ser interesante introducir en las partidas como recurso, tanto de manera práctica como simplemente para ambientar.

Resulta que estuve en la Torre de Londres, y he descubierto que tienen una O-Yoroi, uan armadura completa de samurai, perfectamente preservada. Se la envió a Jaime I el Shogun Tokugawa Hidetada en 1613 y se exhibe en la Torre desde al menos 1662. Hasta ahí todo normal, aparte de que no eran muy comunes los intercambios entre Japón y Europa (pero tampoco desconocidos). Lo interesante viene ahora. Resulta que en uno de los catálogos de exhibiciones de la Torre, realizado, no recuerdo bien, en el siglo XVIII o XIX, la atribuyen a un regalo del Gran Mogol, emperador del norte de la India, Pakistán y Bangladesh entre los siglos XVI y XIX, sin especificar cual.

f01870e219739b62ebb1143d7c712d52

¿Por qué ocurre esto? Porque, sencillamente, se había olvidado el origen japonés de la armadura. Estamos hablando del siglo XVII, una época con registros en papel, y en un estado moderno razonablemente bien organizado. Pero de Japón no se sabía prácticamente nada, y no se habían continuado las relaciones, mientras que la India era no solo bien conocida, sino especialmente interesante para los británicos a finales del XVIII. Serían ellos los que reducirían el Imperio Mogol a la irrelevancia en 1803 y lo abolirían en 1857.

¿Qué tiene todo esto que ver con Máscaras de Matar? Muy sencillo. En la novela hay una conversación entre Astiri y Palo Vento, en la plaza del mercado de Minacota, en la que hablan sobre el origen del Cufa Sabut. Astiri, pese a ser un brujo y consejero de un dios-vivo, es en el fondo un montañés, y lo que sabe lo sabe a través de rumores y leyendas, de manera que presenta una versión completamente distinta de la que Palo Vento conoce por las tradiciones de la gente serpiente. ¿Y quién nos dice que la suya es la única? Quizá la gente culebra del Morega tiene otra, y los caralocas, que adoran al Cufa Sabut como a un dios, una tercera, y quizá los nómadas seguidores de la Real en Tres Cortes han creado otra a partir de fragmentos de información, rumores, y pura imaginación.

proceso1

Las cosas, incluso las cosas importantes, tienden a difuminarse en la memoria, los detalles se suavizan o se simplifican, lo que no se entiende se elimina, o se sustituye por algo más familiar y comprensible; y las cosas importantes tienden a rodearse de leyendas que tengan sentido para el que las cuenta y para el momento en el que se crean. La conjunción de los dos procesos significa que muchas veces circulan infinidad de historias completamente distintas sobre algo que, por su importancia, nos gustaría creer que está muy claro. Esto ocurre en sociedades con registros escritos y una administración eficiente; cuánto más en una que es básicamente oral.

La próxima semana examinaremos para qué nos sirve todo esto en el contexto de una partida de Máscaras de Matar.

Anuncios

Gancho:Jugar con dos Barajas

En la introducción de Máscaras de Matar leemos esto sobre los gargales, que se puede hacer extensible a todas las sociedades gorgotas:

Las máscaras permiten a un mismo individuo asumir roles distintos y, en ciertos casos – gracias a la creencia de que quien se cubre con determinadas máscaras es, en la práctica, una persona distinta -, eso le libera de ciertas obligaciones mientras la lleva, lo que es sumamente útil en ese tipo de sociedades.

Ya hemos hablado en el blog múltiples veces sobre lo que eso significa a nivel general, en la sociedad y en las relaciones interpersonales, pero, ¿cómo podemos aplicar esto en nuestras partidas? ¿Qué historias se pueden derivar de esta característica tan importante de la sociedad gorgota?

hogmask01

Aunque sea de pasada ya hemos planteado algunas posibilidades en otras publicaciones. Hemos visto a personajes que pueden ser alternativamente hostiles, favorables o neutrales a los personajes dependiendo de los intereses y lazos juramentados de la máscara que portan, o una misma personalidad en dos personas distintas que usan el mismo cambuj, o la posibilidad de usar una máscara para asumir o escapar de determinadas obligaciones. Todo eso está muy bien, pero vamos a darle otra vuelta de tuerca.

¿Qué pasa si un gorgota quiere jugar con dos barajas? O mejor aún, ¿qué pasa si no le queda más remedio?

Supongamos que somos un jefe guerrero mediarma del río Morega, un hombre víbora o un hombre culebra. Los mediarmas no hacen tanto uso de las máscaras como otros gorgotas, pero nuestro personaje tiene en su poder un cambuj ancestral de madera pintada, pasado de generación en generación en su eredal durante siglos, desde que lo llevara un gran héroe en la primera guerra de la Máscara Real; y también tiene otro, más moderno, de mosaico y bronce, que le fue entregado en su juventud, antes de heredar el de madera, como regalo envenenado de la gente león cuando les prestó su apoyo en la guerra del Oga Pantera.

Ahora el Cufa Sabut ha alzado sus estandartes en el norte, y si el mediarma se pone el cambuj de madera, su espíritu ancestral le llevará a poner a sus guerreros a su servicio y el de la Real. Pero el Ras también está amasando sus fuerzas, y si usa el cambuj de mosaico, entran en juego las obligaciones que ha adquirido personalmente con la gente león de los armas. ¿Qué hacer? Lo más lógico sería escoger cuál de las dos máscaras ponerse y guardar la otra en un santuario, y probablemente muchos en la misma situación harán algo parecido. Pero esto no siempre es posible… y la gente no siempre actúa llevada por la lógica.

¿Qué pasa si el Ras, o uno de sus enviados, convoca a nuestro señor de la guerra para “consultar sobre la situación”, que es una forma suave de decir “tantearlo a ver de qué lado está”? No usar el cambuj de mosaico se interpretaría como una declaración por el Cufa Sabut, y quizá sea demasiado pronto, o demasiado arriesgado. Pero usarlo obligará al jefe a comprometer sus tropas con los armas, quizá en contra de su criterio o su preferencia personal.

¿Y si mañana viene a las puertas de su caserío un enviado del Cufa Sabut con las mismas intenciones? Seguir usando el de mosaico sería un suicidio, ¿se pone el de madera? ¿ninguno, para que el enviado sospeche que su compromiso no es total?

MdM_Caraloca

O quizá la situación ni siquiera sea forzada. En la guerra, el pragmatismo es una virtud. Quizá el señor de la guerra se ponga el cambuj de madera para tratar con unos, y el de mosaico para tratar con otros, en ambos casos con plena sinceridad, beneficiándose de un bando y de otro según las circunstancias y sus intereses. Hoy proporciono forraje y canoas a los armas para cruzar el Morega a cambio de armas y mercancías del sur con las que negociar con las tribus salvajes, mañana aviso a los Matioteé del lugar en que se va a encontrar la columna arma a cambio de su apoyo para defender a los míos contra las depredaciones de los uselgeres. ¿Cuánto tiempo se podrá mantener semejante malabarismo antes de que algo salga terriblemente mal?

Y, a todo esto… ¿cómo se tomarán los seguidores del señor de la guerra esta duplicidad? Ellos están vinculados a él personalmente, no a sus cambujes, pero, ¿y si tienen algún otro juramento más importante, por ejemplo hacia el Cufa Sabut? ¿Y si ellos también tienen dos máscaras…?


Gancho: Ni Contigo Ni Sin Ti

En esta nueva entrega de la serie sobre ganchos para partidas veremos algo que podemos dar por hecho en Máscaras de Matar, pero que no es ni mucho menos tan sencillo como parece: las lealtades juramentadas y las obligaciones rituales que pueden llevar a un personaje a jugarse la vida por otro.

Sabemos que muchas veces un personaje estará obligado a respetar, obedecer o seguir a otro, por distintos motivos. Quizá por lealtad a su feral, quizá por un juramento personal, quizá porque uno de ellos es un juez o máscara mayor de la gente león, o incluso por una lealtad ancestral, como es el caso de los eredales de gentes culebra que siguen al Cufa Sabut. Puede ser que el personaje lleve una máscara que esté ligada a otra, como es el caso del propio Cufa Sabut con la Máscara Real.

MdM_Hermanos_Mutel

Este tipo de relaciones no son tan sencillas como parecen. Desde luego, todos hemos pensado en el clásico caso de un conflicto de lealtades, y aquí mismo hemos hecho referencia al mismo muchas veces. Tu jefe juramentado te ordena saquear la caravana en la que viaja tu amante, cosas así. Pero podemos ir incluso más allá. ¿Qué ocurre cuando el personaje está obligado a obedecer a alguien a quien desprecia, o incluso odia? 

No puede simplemente renunciar a su servicio sin una buena razón. De entrada se ganaría reputación de poco fiable y podría quedar deshonrado. Ningún gorgota está aislado, de manera que seguramente de su relación con el jefe dependan otros hilos de juramentos y lealtades y múltiples intereses. Esos otros juramentados, e incluso sus propios parientes, podrían presionarle para que no abandonara a su jefe. Éste lo hará sin duda, recordándole que tiene unas obligaciones que cumplir, y que a cambio de su servicio ha recibido una serie de beneficios que debe compensar. Quizás incluso le pida una última misión suicida si quiere abandonarlo. No debemos olvidar tampoco el aspecto psicológico. El personaje no se tomará a la ligera una decisión así, que puede suponer un cambio radical en su vida, una mancha en su reputación, y tener consecuencias terribles. Si además usa una máscara que está vinculada al jefe, la cosa se complica aún más.

16-igbo-mask-from-nigeria-paul-greenway

Pero, ¿qué otra opción le queda? Si permanece a su servicio, se verá obligado a servir e interactuar diariamente con un jefe que le repugna. Se verá obligado, seguramente, a cumplir órdenes que le desagradan, o a las que se opone frontalmente. Si el personaje está en buenas relaciones con su jefe hay una serie de preguntas obvias: ¿Será capaz de poner la lealtad por encima de sus lazos personales? ¿Llegaría a causar daño a inocentes o cometer actos que se considera inmorales si es para cumplir sus órdenes? Pero en este caso vamos más allá: ¿Será el personaje capaz de hacer todo eso en nombre de una persona a la que desprecia? 

¿Cómo reaccionará a esta situación? ¿Cómo le afectará psicológicamente? ¿Intentará usar una máscara para descargar la responsabilidad de ese aspecto de su vida? ¿Se lo dirá a alguien? ¿Cómo reaccionarán los demás juramentados del jefe? ¿Será capaz de criticarlo abiertamente y resistirse a obedecer? ¿Agitará la disensión entre sus seguidores? ¿O intentará suplantar al jefe mediante un duelo ritual o el simple asesinato?

escudoc

Y, por rizar el rizo, ¿qué hace que el personaje odie a su jefe? ¿Son rivales por las atenciones de un/a amante? ¿El jefe, como Agamenón a Aquiles, le ha quitado su parte del botín en el reparto? ¿Le ha ofendido en público, humillado o despreciado? ¿Le ha obligado a hacer algo contra su voluntad, o ha perjudicado a los suyos? ¿Sencillamente se ha vuelto corrupto, débil o loco? La reacción del personaje dependerá mucho de las circunstancias del desencuentro, así como de su personalidad, y de las máscaras que usen tanto él como su jefe.

Un gancho de este tipo se presta bien para una historia con pocos jugadores, quizá uno interpretando al juramentado insatisfecho y otro a su amigo que permanece leal, o un pequeño grupo de descontentos dentro de un séquito más grande. La literatura y el cine están llenos de posibles prototipos, desde la Ilíada que ya mencioné antes hasta las películas de mafiosos.

 


Tras la Máscara III

Seguimos con la serie de entradas basadas en este artículo (en inglés), en las que hablamos de la influencia del uso de máscaras en la identidad y la psicología del portador, e incluso de cómo la máscara puede desarrollar con el tiempo algo parecido a una personalidad propia, aunque solo sea por la presión del grupo sobre el comportamiento esperado de su portador. Y no hablamos de los Seis Dedos, sino del mundo real.

deepal267

Ya hemos visto el fenómeno en general, y cómo puede afectar al portador el ponerse máscaras con una determinada personalidad asociada. Pero nos queda aún un aspecto por tratar: ¿qué pasa cuando las máscaras representan aspectos de la personalidad del portador? Son suyas, no ancestrales, ni heredadas, ni le aportan nada que no tuviera ya en su interior. ¿Qué pasa con nuestra identidad cuando escogemos vestir un rostro que representa únicamente una parte de nosotros mismos?

Como introducción, traduzco un par de fragmentos interesantes del artículo:

(…) Gran parte de nuestra vida social es similar a una experiencia con máscaras. Vamos al trabajo con una máscara profesional, y luego volvemos a casa y nos ponemos la máscara de padres. Incluso tenemos personajes específicos para amigos concretos (…). Estos estados de máscara tienen un propósito. El juego de rol nos proporciona un conjunto de atajos que facilitan comportamientos que podrían parecer falsos o embarazosos a nuestros yos “verdaderos” (piensa en “hablar del tiempo”, o cantarle una canción sin sentido a un niño de tres años). Cuando la gente nos ve en términos de esas máscaras, por lo general se lo permitimos (…) y de hecho, el yo puede que no sea más que un aglomerado de máscaras, de todos los roles que jugamos, incluidos los que interpretamos en fantasías privadas (…).

ApocalyptoMask

Aquí tenemos un resumen estupendo del tema principal de Máscaras de Matar, y del funcionamiento básico de los cambujes personales. Recordemos que los gargales utilizan las máscaras para mediar en las relaciones interpersonales y los lazos clientelares que son la base de su sociedad. En esencia, un gorgota interpreta en el día a día, incluso ante sí mismo, múltiples “personajes”, un aglomerado de máscaras, como dice el artículo, y escoge una u otra en función de la situación y de sus intereses particulares.

Es importante tener esto en cuenta a la hora de interpretar al personaje y escoger sus máscaras. El sistema concreto que vamos a utilizar ya lo veremos en el juego, y estará relacionado con los Aspectos, pero por ahora nos vamos a centrar en la interpretación pura y simplemente. Cuando crees las máscaras del personaje, piensa, ¿qué representa cada una? ¿qué faceta de su personalidad, qué ambiente, qué relaciones?

La máscara debería ser un personaje por derecho propio, y tener sentido y coherencia. Si un cambuj en concreto representa al personaje en su faceta guerrera, por ejemplo, debería mostrar unos rasgos más o menos fieros (o aterradoramente serenos), unos sellos determinados, y quizá incluso estar construido con materiales simbólicos (digamos hierro y madera de fresno, que se usa para las lanzas); todo ello muy diferente de la que represente su faceta de padre, o la máscara que use cuando va a la taberna con sus amigos.

Pero no te quedes en la máscara. Cuando el personaje se la cala, ¿cómo cambia su personalidad? Si lleva la máscara guerrera, ¿está más centrado y sereno, o se vuelve arrogante y feroz? Si lleva la de la taberna, ¿es un juerguista descontrolado, o la voz de la razón que aprecia los buenos vinos y mantiene la calma por todos? Es más, ¿por qué, por ejemplo, Cosal tiene siete máscaras, mientras que Palo Vento no tiene ninguna? ¿Qué lleva al personaje a usar una máscara, dos o las que sean, y en qué situaciones?

Recuerda que la máscara es una herramienta para el personaje. Nunca te tomes el trabajo de crear un cambuj que no se va a poner nunca, y mucho menos si no va a aparecer en la partida. A lo mejor el personaje usa una determinada máscara para cuidar a las cabras de su rebaño, pero a menos que la partida trate sobre su lucha con los lobos de las montañas, no tiene mucho sentido detallarla. Así que piensa, ¿en qué situaciones se pone mi personaje una máscara, y cuál se pone en cada caso? Sobre todo, y esto es quizá lo más importante, ¿por qué se pone cada una?

prueba

En nuestro ejemplo anterior, quizá el personaje deja fluir la rabia acumulada cuando viste la máscara guerrera, pero mantiene un férreo control en el resto de los casos. Quizá opta por la máscara de la taberna no solo cuando bebe, sino también en toda situación social relajada, en compañía de sus amigos y parientes, cuando puede dejar subir a la superficie ciertos aspectos de su personalidad que no son adecuados, por ejemplo, en el trabajo o ante sus superiores o inferiores. Cada máscara representa una necesidad psicológica del personaje, y es su respuesta a esa necesidad. En algunos casos se pueden volver adictivas: piensa en la máscara guerrera que le permite desahogar ira y frustración, e imagina qué pasará si está meses sin usarla. Mejor aún, imagina qué pasará si tiene que ponérsela cada poco tiempo y dar rienda suelta a esa parte de su personalidad.

Cuando pienses en el personaje y sus máscaras, intenta siempre ir más allá. Piensa en cómo cambia según lleve una u otra, qué experiencias de su vida o qué relaciones sociales, clientelares, familiares o incluso amorosas están ligadas a cada una. Piensa por qué el personaje siente la necesidad de llevar un cambuj, dos, o ninguno. Pero no lo tomes como un paso adicional, a posteriori, un colofón al personaje ya creado. La creación de las máscaras es una parte integral del desarrollo del personaje, que te permitirá explorarlo mejor y conocer las distintas facetas de su personalidad. Así, al desarrollarlo todo en conjunto y dividir su identidad no solo crearás un personaje más profundo y “redondo”, sino que tendrás una idea mucho más clara a la hora de interpretarlo.


Tras la Máscara II

La semana pasada hablábamos de este artículo, que trata sobre el aspecto psicológico de las máscaras en el mundo real: cómo a menudo parece que tienen una personalidad propia y persistente, que a veces “nace” como la de un niño y se desarrolla con el tiempo, cómo sus portadores con frecuencia sienten que no son ellos mismos cuando las portan, e incluso que son “espíritus” o están poseídos, y cómo en algunas sociedades se considera que lo que hagan con la máscara puesta no es obra suya, sino del espíritu de la máscara.

proceso1

En realidad, podría acabar esta entrada aquí. Todo ello lo vemos en el universo de Máscaras de Matar, con distintos matices y filtrado a través de las culturas de los Seis Dedos y ese particular carácter de magia insinuada pero no confirmada que tiene la ambientación. Pero en esta entrada no vamos a ver cómo se manifiesta la magia de las máscaras; para eso están la novela y el libro de rol. Hoy vamos a hablar de cómo aplicar eso en nuestras partidas.

Recordemos aquel párrafo del artículo que hablaba sobre las personalidades persistentes de las máscaras. En el mundo de los Seis Dedos, como sabemos, no todos los cambujes son personales e intransferibles. Algunos se guardan en santuarios de ferales o sociedades, y se escoge a un portador temporal para unas circunstancias determinadas. Para esto nos valen por igual las máscaras de matar (“es simplemente una máscara de matar hecha para que la lleve gente lobo”, dice Corocota), las máscaras tradicionales de las altacopas, o alguna máscara menor de un feral o de un santuario. ¿Quién sabe? Quizá incluso los alcaldes de la ciudad sagrada de Resegra tienen máscaras especiales que usan sus subordinados para cumplir ciertas funciones.

Imagina que tu personaje recibe temporalmente un determinado cambuj, uno que ya han usado otros antes. Al ponérselo, deja de ser Astaruga de la sociedad de los jabalíes, y pasa a adoptar temporalmente la identidad de la máscara; o mejor dicho, una mezcla de ambas, la suya y la del cambuj. Quizá usa una máscara arcaica, de arcilla roja, que representa a uno de los llamados “bermejos”, un jabalí joven y violento, y esos rasgos de personalidad se mezclarán con los suyos. Pero, y ahora viene lo interesante, es posible que más adelante esa máscara pase a, digamos, su pariente Caogar, también un hombre jabalí. Aunque ambos no puedan ser más distintos, cuando Caogar vista la máscara, parte del carácter salvaje del bermejo se mezclará con su personalidad.

hogmask01

A la hora de interpretar, podemos sacar el máximo partido a esto, hasta el punto de lo inquietante. Quizá Astaruga y Caogar adoptan exactamente los mismos gestos mientras visten la máscara del Bermejo: rechinar los dientes, atusarse la barba, lo que sea. Quizá, y esto suele tener bastante efecto, empiezan a utilizar una misma coletilla, o una expresión que antes no utilizaban. En casos extremos pueden hacer referencias veladas a acontecimientos que ocurrieran mientras el otro calaba la máscara (sin abusar; puede que tengan una idea, como algo recordado en un sueño, pero no sirve para transmitir información).

Lo mismo funciona a la inversa. Imagina la sorpresa de un cliente habitual cuando su altacopa favorita se presenta con una máscara que no había llevado antes, y descubre su personalidad completamente cambiada. Es la misma persona, pero se mueve de manera diferente, habla de manera distinta, y se comporta de forma totalmente opuesta. Ahora haz que se cruce con una segunda altacopa, que lleve la máscara de la original. ¿Cómo reaccionará nuestro cliente?

máscara altacopa

Como decíamos, todo esto se puede extender al aspecto social. La máscara protege, pero también obliga. Digamos alguien te ofrece el cambuj de un manamaraga que acaba de morir en un duelo, ¿te arriesgas a asumir, junto con ella, la posible venganza de aquellos a los que matara mientras la llevaba?  Cuando te ofrecen una máscara, ¿qué deudas, qué obligaciones, qué lazos lleva aparejados? Es más, incluso, ¿qué personalidad, qué recuerdos?

Pero no todas las máscaras son antiguas, ni heredadas, ni llevan una historia aparejada. Muchos personajes llevarán también máscaras personales, y éstas nos pueden dar también mucho juego. Pero de ello hablaremos la próxima semana.


Tras la Máscara

La primera publicación del año va a tener que ser corta por necesidad, pero no se preocupen, que les dejo algo para leer. El artículo me lo pasa Daniel Puerta y se dedica en particular al fenómeno del anonimato en Internet, pero tiene secciones muy interesantes sobre el uso de máscaras en culturas preindustriales que pueden servirnos para afinar y mejorar la interpretación de nuestros personajes de Máscaras de Matar.

Como estos

De hecho habla sobre algunos aspectos de la experiencia con máscaras que yo solo había visto en Máscaras de Matar, pero al parecer se dan en el mundo real. Testamento a la investigación de León Arsenal, y otra prueba más de que esta ambientación se mueve siempre en una fina línea entre lo posible y lo quizá sobrenatural.

El artículo está aquí (en inglés), pero procedo a traducir algunos de los fragmentos más interesantes. 

El primero son las palabras de un portador de máscaras Igbo, de Nigeria:

Cuando la llevo puesta [la máscara], lo que yo veo los demás no lo ven. Si me traen tres litros de vino de palma y me los ponen en la boca me los puedo beber, pero otros no pueden… entiendo a la gente de otra manera, porque cuando los miro mis ojos son ojos de espíritu, no ojos de persona.

16-igbo-mask-from-nigeria-paul-greenway

Inmediatamente después hay un párrafo general sobre el carácter de las máscaras que puede ser muy interesante para las partidas:

Los espíritus que habitan las máscaras pueden ser criaturas caprichosas, e incluso salvajes. Hay informes de portadores de máscaras encadenados para evitar que ataquen a los transeúntes. Algunos dioses – máscara, como los Egungun de los Yoruba, pueden, según se dice, matar a una persona sin máscara con un simple toque. Una máscara Tibetana se retiraba de su santuario solo una vez al año para preparar su ceremonia. Durante la noche quedaba encerrada en el templo, mientras los monjes cantaban oraciones para impedir escapar a su malicioso espíritu. Los aldeanos en kilómetros a la redonda atrancaban las puertas. Entre los Ilahita Arapesh de Melanesia, los asesinatos rituales eran cometidos por un hombre poseído por la máscara apropiada.

Esto último es una máscara de matar, con todas las letras. Y sigue:

En cualquier acto violento cometido por un portador de máscara, el ser humano no es considerado responsable; todo el mundo entiende que el crimen fue cometido por la máscara misma.

En este punto tenemos el impulso colonialista de pensar que eso son cosas de pueblos “primitivos” en sociedades “sin desarrollar”. No tan rápido.

Muchas compañías de teatro occidentales contemporáneas también usan máscaras para ensayos o actuaciones, y la experiencia de los actores con máscaras tiene similitudes sugestivas con las de quienes las usan ritualmente. Keith Johnstone, antiguo director del Royal Court Theatre en Londres, usaba máscaras asiduamente en su trabajo. En Impro: Improvisation and the Theatre (1979), escribió: “Verdaderamente parece que el verdadero actor enmascarado es poseído por un espíritu. Puede que sea una tontería, pero así es la experiencia, y así ha sido siempre”.

deepal267

Atención al siguiente párrafo, que es el mejor para lo que a nosotros nos interesa:

Johnstone cuenta que las máscaras tienen personalidades que persisten, sin importar el portador: a una máscara con la nariz caída le gustaba coger palos y pegarle a la gente, sin importar quién se la pusiera; a otra le gustaba encaramarse al borde mismo de las sillas y caerse.

El próximo fragmento puede sernos útil si vamos a introducir en nuestras partidas la creación de una nueva máscara. Recordemos que hablamos siempre del mundo real:

Una nueva máscara es como un bebé que no sabe nada sobre el mundo… muy a menudo una máscara tiene que aprender a sentarse, o a agacharse, o a sujetar cosas… no saben destapar jarras; no entienden la idea de envolver las cosas (si les dan un regalo, se limitan a admirar el papel). Si algo se cae al suelo, es como si dejara de existir. Una estudiante siempre se iba de la sala antes de usar una máscara particularmente regresiva. Le pregunté por qué, y respondió: “es una tontería, pero tengo miedo de mearme encima, así que siempre voy al baño”.

Imaginen a la Real en sus primeros pasos, en un santuario subterráneo iluminado con lámparas de aceite, las paredes llenas de grotescas tallas gargales y los cambujes de jabalí de los hermanos Mutel mirándola entre las sombras, mientras un portador de prueba aprendía con ella a moverse, a mirar, a hablar, a vestirse…

400px-Varaha_Badami

via Wikimedia Commons

Como no tengo ni idea de psicología, dejo a los expertos opinar sobre este fenómeno en el mundo real. Quizá tiene que ver con una combinación de presión de grupo (se sabe que esto ocurre, una máscara tiene tal o cual fama, veo al otro hacer tales cosas cuando se la pone…) con simplemente aspectos que sugiera el aspecto de la máscara. En el caso de la de la nariz caída, quizá tiene una expresión cruel o desdeñosa que anima al portador a dejar fluir su agresividad. No lo sé, pero es una reflexión interesante sobre el papel de las máscaras y su uso en el mundo real.

La próxima semana habré tenido tiempo para reflexionar sobre el artículo y veremos cómo emplear todo esto en partidas de Máscaras de Matar. Por ahora, les recomiendo que lo lean, aunque tengan que usar un traductor online.


Máscaras Familiares

En las respuestas que se han ido dando a lo que puse la semana pasada sobre una compilación de artículos (aún pueden votar, y deberían hacerlo) parece que lo que más triunfa son los artículos de trasfondo. Así que por petición popular, volvemos a las publicaciones de ese tipo, que las tenía un poco abandonadas. Hoy vamos a hablar de las máscaras familiares de los ferales.

Sabemos que un feral es, salvando las distancias, el equivalente a un clan o una tribu dentro del pueblo arma, y que sus analogías directas son los eredales mediarmas y las sociedades marciales gargales. Un feral tiene propiedades, gestiona el trabajo de sus miembros, y en general es una organización con lo que podríamos llamar, salvando las distancias, personalidad jurídica. Y para ello requiere un gobierno, un grupo de personas que tomen las decisiones, ejecuten la política del feral y administren sus propiedades. Ese gobierno es el consejo de máscaras mayores, también llamadas máscaras familiares.

¿Qué sabemos de ellas? Poca cosa, porque solo las vemos a través de los ojos de Palo Vento, cuando acude ante las máscaras mayores del Feral de la Serpiente. El quórum parece ser de cinco, de un total de trece, es decir, un poco menos de la mitad; es probable que los “grandes” ferales con presencia en Minacota tengan aproximadamente una docena de máscaras mayores, mientras que los “diminutos ferales manamaragas” de las montañas probablemente tendrán muchas menos, quizá solo tres o cinco, hasta el punto de que puede ser difícil distinguirlos de un eredal mediarma.

Dado que basta con cinco máscaras para convocar una reunión y tomar decisiones, esto permitiría, al menos teóricamente, que dos grupos igualados y opuestos tiraran del feral en direcciones distintas. No sabemos si hay una estructura formal para prevenir este tipo de cosas, pero en la reunión que alcanzamos a vislumbrar hay claramente un jefe, si bien nunca se le trata de tal en el diálogo (sí en el texto del narrador). Como es habitual en el estilo arma, las cosas se hacen tácitamente, de manera informal, más por gestos que por palabras. Así, el Ramanamer ocupa el centro del grupo de cinco, lo que le coloca en una posición de autoridad; durante la reunión apenas habla, excepto para expresar el consenso al que parece llegar el resto, y cuando lo hace no tolera que le quiten la palabra. También es él quien expone las conclusiones, y quien llama al Escamón para la decisión final.

Aztec skull mask

Mosaico de turquesa y obsidiana. Via Pinterest.

Es posible que, dada su condición de jefe del consejo, el Ramanamer deba estar presente en todas las reuniones, lo que aportaría continuidad. Pero también es posible que haya varias máscaras que puedan ocupar la presidencia, o que en cada ocasión le toque a la de mayor prestigio de las presentes. En tal caso, sí que sabemos que existe un sistema que aporta determinadas restricciones: hay una compleja serie de preceptos ancestrales que regula qué máscaras pueden estar presentes en qué reuniones, cuáles pueden, o deben, aparecer juntas, y cuáles no se pueden encontrar jamás, cuáles solo pueden aparecer en caso de que haya presente una tercera… esto significa que es imposible montar una reunión “a la carta” con los partidarios de una determinada postura, a menos que se atraiga a la misma exactamente a los que pueden estar presentes al mismo tiempo y en las condiciones que se va a producir la reunión.

Ni que decir tiene que esto es campo abonado para la intriga y las maniobras políticas. Puede manipularse una reunión para que tenga lugar en un momento determinado en el que una máscara concreta no pueda acudir, alterando la configuración del consejo; o puede presionarse para que se incluya a una, lo que a su vez hará que otras puedan o no puedan aparecer.

Ahora bien, ¿qué son las máscaras familiares? Sabemos que no todas las máscaras mayores de un feral pertenecen a su consejo. El Cufa Sabut fue en su origen una máscara mayor de las serpientes, pero su papel era el de acompañante de la Real, no miembro del consejo; la Sapor Roja es una máscara mayor de la gente león, pero su misión es servir de alcalde de los gorgotas de Gaiola. Es dudoso que el Rey Rojo sea miembro del consejo correspondiente de su sociedad gargal, y en general, es probable que los ferales más antiguos tengan numerosas máscaras mayores, que han ido acumulando categoría y personalidad con los siglos, pero en cambio, el consejo de máscaras familiares está limitado a unas trece.

via baliexclusivo.com

Así pues, no son trece máscaras mayores cualesquiera, ni están en el consejo todas las que son parte del feral. Son, por tanto, máscaras específicas, elegidas por un motivo determinado. Observando la reunión del consejo de las Serpientes se puede deducir que, quizá, las máscaras familiares representen distintos aspectos del feral. Así, la bibruela es “arcaica y conflictiva (…) Manamaraga por tradición (…) un contrapunto útil a la parsimonia, incluso inacción, de algunos otros miembros del consejo“. Es como una víbora entre la hierba, violenta, impredecible y peligrosa. Ahí está la clave. La bibruela está presente para contrarrestar a los otros, y por tanto, cada máscara familiar tiene un papel que jugar, un rol simbólico en representación de una parte de la identidad colectiva del feral.

En la reunión está presente también el Escamón una máscara de barro, arcaica, amenazante y “dotada para la hechicería“, que quizá representa los aspectos más misteriosos de la serpiente. El Orcajo Pardo y el Orcajo Negro forman claramente una pareja, y lo más probable es que siempre aparezcan juntos. Durante el consejo los vemos darse la réplica “como si no fueran sino una sola persona que estuviese discutiendo consigo misma“. Representan, quizá, esa cualidad parsimoniosa, incluso inactiva, reflejo de la clásica representación de dos serpientes enfrentadas, que pueden estar copulando o luchando, y simbolizan un intercambio recíproco y equilibrado. Téngase en cuenta además que el portador del Orcajo Negro es hombre, y el del Orcajo Pardo, mujer. Nos queda el Ramanamer, al que ya hemos visto hacer gala de una fría paciencia que se vuelve rápidamente amenaza, como una pitón descansando en una rama o una cobra enroscada.

Es de suponer que los demás ferales tendrán sus consejos de máscaras mayores, sean trece o menos, y que también en este caso cada cambuj represente determinados valores, símbolos o asociaciones del animal epónimo del feral. Cuando hicimos la partida de prueba de Máscaras de Matar desarrollé cinco posibles máscaras mayores del feral del Toro, por ejemplo, cada una con su personalidad y su simbolismo. A la hora de preparar una campaña esto puede ser muy interesante para darle un sabor y un color característico a las partidas.